10082005Federico Kukso tiene 26 años y está preparando su tesis de licenciatura en Comunicación Social. Especializado en divulgación científica, escribe en el suplemento de ciencias Futuro, del diario Página/12. También es docente del seminario de periodismo científico de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y organiza el ciclo "Café Científico", del Planetario de Buenos Aires, que presenta charlas de divulgación científica dirigidas a un público amplio.

“El periodismo científico tiene una triple dificultad: debe informar, entretener y educar”, dice. Y, de alguna manera, es lo que hace en esta entrevista para educ.ar.


Por Verónica Castro

—El periodismo científico no existe como carrera universitaria en nuestro país. ¿Cómo fue su formación?¿Es una carrera en otros países?

—No, que yo sepa. Como ocurre con el periodismo político, el periodismo económico, la prensa cultural o el periodismo de espectáculos, el periodismo científico es más una especialización que otra cosa. Tiene todos los ingredientes como para erigirse como género intraperiodístico, con sus peculiaridades estilísticas, dinámicas, estrategias y formas de abordar los temas. Lo que sí existe en la Argentina es una variedad de seminarios que suelen complementar una formación académica. Entre ellos se destacan el Seminario de Periodismo Científico (Facultad de Ciencias Sociales UBA), dictado por Leonardo Moledo; el
Curso de Introducción a la Divulgación Científica (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UBA), a cargo de Susana Gallardo ¨(ambos fueron parte de mi formación hace ya unos años) y otros cursos que se dictan en el Instituto Leloir y en la Facultad de Farmacia y Bioquímica (UBA).

—La Argentina está pasando por un momento de auge de suplementos, colecciones de libros, programas de televisión y señales de cable dedicados a difundir la ciencia al gran público, y no sólo para los que saben. ¿Cómo cambió el panorama de la divulgación en los últimos años? ¿En qué radica la importancia del periodismo científico?

—Me parece difícil hablar de auge. Es un fenómeno relativo: por ejemplo, habría que compararlo con el boom de publicaciones científicas de comienzos de los 90. En un quiosco se podían encontrar revistas como Muy interesante, Descubrir, Conozca más, y diarios con suplementos como Lo nuevo (Clarín), páginas diarias de Ciencia en La Nación, el suplemento Futuro (Página/12). Pero pasaron los años y la burbuja estalló: se cree que el despegue de internet hizo que los lectores abandonasen al menos las revistas de tirada mensual.

Lo que ocurre por estos días es un fenómeno heterogéneo, de propuestas aisladas y sin mucha seguridad de continuación. De manera que podría catalogarse a estos proyectos como riesgosos, aunque tienen la ventaja de contar con un público bastante fiel y voraz por nueva información. Justamente en esto radica la diferencia entre las publicaciones: la manera en la que se comunica un nuevo descubrimiento, un nuevo invento. Detrás de cada hallazgo, hay una teoría en juego a ser contada. El periodismo científico tiene una triple dificultad (que igualmente lo hace tres veces atractivo): debe informar, entretener y –en cierto sentido– educar. No con un tono ultrapedagógico como ocurre con revistas como Anteojito. Para eso uno se puede valer de recursos como metáforas, comparaciones y relacionar con literatura o películas. La idea, básicamente, es inculcar la mirada crítica, la curiosidad, generar preguntas en vez de dar respuestas. Es una apuesta por la apertura.

— Desde hace 5 años Ud. organiza los ciclos de charlas de divulgación científica del Planetario conocidos como "Café Científico". ¿En qué consisten, quiénes van o podrían ir?

—Son charlas que se realizan el tercer martes de cada mes en un café, La Casona del Teatro (Av. Corrientes 1979). La entrada es gratuita. La idea vertebral de este evento al que asiste todo tipo de personas (hijos, padres, abuelas, estudiantes, etc.) consiste en acercar al científico; que el público lo vea, le pregunte, y dialogue con él/ella. Esto apunta a otro objetivo: romper con el estereotipo del científico como una persona encerrada en su laboratorio, el científico como hombre y el científico como ser asocial. Parece exagerado, pero esa es la imagen que todavía tiene mucha gente de los científicos. Los “cafés científicos”, que se realizan también en varias ciudades del mundo, parten de la idea de que la ciencia es ciencia en tanto que se comunica; que hablar sobre ciencia es también hacerla. Y al mismo tiempo se ahonda en la concepción democrática de que la ciencia es de todos, es un derecho y no una práctica exclusiva de unos pocos.

—¿Cómo ampliar la llegada de los conocimientos científicos y el significado de la ciencia a la escuela?

—Como te dije antes: la metáfora, la relación con la literatura, su vinculación con otros saberes, son herramientas cruciales. Pero no son los únicos "métodos". Otro muy interesante se basa en hacer saber que la ciencia está en todas partes, en la vida cotidiana, desde cómo funciona un televisor, cómo "viaja" un e-mail, por qué no salimos volando al correr, cuáles son las transformaciones químicas que se operan a la hora de hacer papas fritas. En astronomía, algo muy bueno es jugar con los cambios de perspectivas y mostrar el verdadero lugar del ser humano en el universo. En este asunto es muy importante la comparación, poner en escala humana datos al parecer abstractos como la distancia de la Tierra al Sol y cuánto tardaría en llegar una persona si se dirige a la estrella en auto.

— ¿Cuál es su impronta como docente de Periodismo Científico?¿En qué hace foco con sus alumnos, qué publicaciones no pueden dejar de leer como futuros divulgadores de la ciencia?

—El titular del Seminario de Periodismo Científico (Facultad de Ciencias Sociales, UBA), del cual soy docente, es Leonardo Moledo, uno de los pilares en la divulgación científica en la Argentina y Latinoamérica. Me parece que lo que yo aporto es una mirada sobre el quehacer diario de un periodista. Cómo hacer una nota, cómo solucionar un problema, cómo realizar una entrevista, alejándome de la teoría. Esto es importante: abundan en las carreras de comunicación los textos que indican "cómo debería ser" que, al mismo tiempo, hacen oídos sordos a lo que en realidad se hace. Justamente, con eso rompemos: con el abismo entre el manual y el hacer. Al mismo tiempo le damos mucha importancia al estilo, para ello los alumnos tienen como lectura obligatoria cuentos y libros de autores cruciales como Isaac Asimov, Carl Sagan, Stephen Jay Gould, Arthur Clarke, Paul Davies, Steven Pinker, etc. Además, es crucial que los alumnos estén informados, sepan qué ocurre en el mundo, y que tengan, sobre todo, una mirada crítica.

—¿Cuáles son los temas que más le interesa investigar y divulgar? Y, a nivel internacional, ¿cuál es la agenda de prioridades en cuanto a divulgación científica, cómo se maneja el medio?

—Me interesan mucho los temas y ciencias que no aparecen demasiado en los medios. O sea, intentamos corrernos un poco de la típica nota de salud para darles espacio a ciencias igualmente importantes como la matemática, la astronomía, la biología. Me atraen mucho los intentos por contestar las grandes preguntas aún no resueltas por la ciencia, del tipo ¿cómo comenzó todo?, o ¿existe vida extraterrestre?, así como los cruces entre biología e informática, ciencias y literatura, ciencia y deporte, ciencia y filosofía, nuevas tecnologías, nuevas teorías, la intimidad de la materia, la clonación y sus dilemas éticos, etc. Son temas fascinantes que hablan de alguna manera del ser humano, de su lugar en el todo, de su curiosidad, de su origen y de su destino.

—En cuanto a los cruces entre biología e informática, Ud. escribió un artículo "Bioinformática: internet y sus ‘leyes naturales’. Arquitectura de la complejidad", donde cuenta de la existencia de biólogos que estudian y comparan la web con un sistema ecológico. ¿Podría contarnos más?

—Son estudios muy interesantes sobre la dinámica de los llamados sistemas complejos, y cómo de la puesta en común de numerosas partes emergen nuevas características (el chileno Francisco Varela hablaba de "enacción" para referirse a esta peculiaridad de la colaboración de diversos elementos de un conjunto). Con respecto a internet, muchos la comparan –cariñosamente– con un pequeño monstruo que se les escapó de las manos a los seres humanos. Nadie conoce punto a punto su forma, puesto que esta cambia diariamente.

—En otro artículo, “Criptozoología (la pseudociencia que estudia los animales ocultos)”, Ud. dice que esta es a la zoología lo que la astrología a la astronomía, o la numerología ocultista a la aritmética. ¿Cómo explicaría la distancia que separa las ciencias de las pseudociencias?

—Las pseudociencias juegan mucho con la esperanza y la desesperación de las personas. La diferencia crucial es una diferencia de método y sobre todo de contrastación. Más que analizar las falacias de las pseudiencias lo interesante sería estudiar por qué penetran con tanta facilidad en el colectivo social, por qué algo tan poco serio como el horóscopo tiene lugar en los diarios, o por qué las personas al conocerse se preguntan mutuamente por su signo. En cierta manera, son creencias bien sedimentadas en el imaginario social que hablan de una desesperación íntima por saber qué le deparará el futuro, y también es una manera de lavarse las manos frente a la responsabilidad de los propios actos.

—Otro tema de mucha actualidad es el relanzamiento de la conquista espacial. Recientemente se lanzó un proyectil contra un objeto espacial con el fin de estudiar el origen del sistema solar; robots viajaron nuevamente a Marte y localizaron las zonas específicas donde hay agua en forma de hielo, y se anunció la segunda visita de astronautas estadounidenses a la Luna para el 2015. ¿Por qué, 36 años después de que un humano pisó por primera vez el suelo lunar, habiendo continuado la exploración espacial sin tanto protagonismo del hombre, ahora este anuncio? ¿Acaso no fue cierto aquel viaje televisado?¿Cuáles son las posibles consecuencias de estos nuevos viajes al espacio?

—Considerar que la llegada a la Luna fue una producción hollywoodense es caer en el campo espinoso de las teorías conspirativas, y pecar de paranoico. Pareciese un nuevo empujón en la "conquista espacial" pero no es tan nuevo; la confusión puede deberse a la confluencia de varias empresas espaciales. Lo cierto es que desde mediados de los cincuenta la aventura espacial humana no ha parado. Tuvo sus vericuetos políticos (Guerra Fría), que por supuesto no se han desvanecido. La actual contienda se entabla entre la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) por la supremacía en el espacio. Lo interesante es ver los términos utilizados: conquista, carrera, gesta, hazaña. Hablan de cierta apropiación, de un avance desenfrenado sólo empujado por el ímpetu de avanzar.

—¿Cuál es la forma que adquiere hoy la cooperación internacional en cuanto a temas de ciencia y tecnología?

—La cooperación internacional permea todas las actividades científicas del planeta. Los laboratorios entrecruzan investigadores; muchos papers se escriben en colaboración. Es también el auge de la interdisciplinariedad, de la noción de que aislados no se consigue nada.


Fecha: Julio de 2005