19102005Mariano Sardón es argentino; vive y trabaja en Buenos Aires. Estudió Física en la UBA y siguió sus estudios en la Internationale Akademie Für Bildende Kunst Salzburg, de Austria. Fue becario de la Fundación Antorchas en el Hypermedia Studio de la Universidad de California, donde investigó sobre interactividad y entornos sensoriales. Dictó numerosos seminarios y ha sido invitado como consultor para los programas de Arte, Ciencia y Tecnología de Fundación Daniel Langlois, de Canadá.

Realizó exposiciones con pinturas, obras de video e instalaciones interactivas. A sus trabajos artísticos incorpora paradigmas científicos, como sistemas dinámicos complejos, autómatas celulares, redes neuronales y algoritmos autoorganizativos, entre otros, explorando así las posibilidades estéticas que surgen de la intersección de ambas prácticas.

Actualmente es profesor en la Universidad de Tres de Febrero –Untref–, en la Carrera de Artes Electrónicas, una carrera nueva en nuestro país y una rama dentro del arte en la que Sardón viene investigando e incursionando desde hace años, con un notable éxito no sólo nacional sino internacional. Próximamente inaugurará su exposición “Libros de arena”, en el Daum Museum of Contemporary Art de Missouri.


Por Verónica Castro

—Asistimos a una época de hiperespecialización de las carreras universitarias, los trabajos, las profesiones, y también de las autodefiniciones personales. En el arte se habla de arte robótico, arte web o net art, y hay gente que se autodefine como artista digital, por ejemplo. ¿Cómo definiría Ud. las artes electrónicas?

—Si bien las artes electrónicas serían aquellas que incorporan la tecnología electrónica en alguna parte del proceso artístico, estas obras no son puras. Hay arte... luego el proceso se vincula a la robótica, la electrónica en general, la mecánica, la escultura, la pintura, etcétera.
Hablo no solamente de los aspectos formales, materiales de las obras electrónicas, es decir, pantallas con videos, robots que cuidan jardines artificiales, obras interactivas, etc. También el artista encarna diferentes roles en tales procesos, que involucran tecnología electrónica: es a veces ingeniero, otras tantas es científico. Detrás de toda tecnología hay una mirada y construcción del mundo, y con ella opera el artista.
Artes electrónicas, entonces, son artes que incorporan tanto formal como paradigmáticamente la electrónica al proceso artístico.

—En una Jornada sobre Arte y nuevas tecnologías en Bellas Artes Ud. explicó que el arte no es contemporáneo por utilizar tecnología, que la relación de los procesos creativos no es con la tecnología sino con la electricidad. ¿Podría ampliar este concepto?

—Ciertamente en muchos casos se piensa que el solo hecho de utilizar tecnología en el proceso artístico implica que se es contemporáneo instantáneamente. A veces muchas de esas obras pueden ser exploradas sin la necesidad del uso de la tecnología; se cae muchas veces en su uso superfluo y allí aparece el fetiche, o los recursos de la herramienta en vano. El arte tiene suficiente espacio como para ser contemporáneo sin el uso de tecnología.

Al incorporar tecnología (no sólo la electrónica), se abordan conceptos e ideas que ella implica, pues ella habla de nosotros como cultura, no es externa. Nos refleja. El artista toma todas las implicancias tecnológicas como hecho cultural tecnocientífico.

—¿Cuál es la diferencia fundamental entre estos nuevos lenguajes y vanguardias artísticas anteriores? ¿Qué cambios específicos aparecen en función de la obra como objeto en sí mismo y con respecto a la función del espectador? ¿Se puede hablar de una verdadera trasformación o se trata sólo de una nueva articulación?

—Primeramente uno debe decir que hay muchas maneras de abordar la tecnología en un proceso artístico. No en todos los casos hay una ruptura con el modo tradicional del arte centrado en el objeto clausurado y el rol relativamente pasivo del espectador que observa un objeto al que no le ocurre nada materialmente. A veces la tecnología es una herramienta más y acentúa este paradigma. Me parece que habría que trasvasar la tecnología como herramienta y entrar de lleno en ella como cualquier otro lenguaje formal. Esto ocurre cuando la tecnología es abordada en muchas dimensiones, transformándose en un aspecto más de las posibilidades estéticas, como ya dije.

En las instalaciones interactivas y en aquellas que particularmente utilizan tecnología digital, por ejemplo, el acto artístico se centra mucho en el establecimiento de puentes de interacción entre las variables formales que el artista quiere vincular en el mundo. El artista estructura códigos o reglas de juego a través de programas en las computadoras, en un proceso estrechamente vinculado al de la programación y procesamiento de la información. Esta actitud trae aparejados cambios muy interesantes en el proceso artístico. En vez de modelar un objeto con un fuerte control sobre los elementos formales que lo conforman, se trabaja más bien sobre la sustancia de la información, en un lugar no visible de códigos y matemáticas de cuya estructura emerge una forma material, sea imagen, sonido, el desplazamiento de un dispositivo mecánico, etcétera.

Aquí el proceso artístico es fuertemente desplegado en relación con el vínculo; lo que media en la interacción y su clausura formal, material, es una circunstancia. Una estructura de códigos dad puede emerger en diversas formas posibles. A su vez el control por parte del artista cede parcialmente. Muchas veces es sorprendido por la forma que resulta. En las relaciones de interacción por supuesto entra a veces el espectador como parte de la obra. Pasa a tener un rol activo, participativo. Mientras tradicionalmente el objeto artístico no es alterado por el espectador, en este caso el espectador lo despliega y lo construye con el mismo involucrado.

De todos modos, no sólo la tecnología digital ha intentado estas ideas; también se las encuentra en Helio Oiticia, Gyula Kosice, sobre quien acabo de hacer un programa para canal à junto a Rodrigo Alonso, producido por la Untref. Ellos estuvieron interesados en involucrar al espectador en un rol más activo a través de múltiples sentidos desplegados en el abordaje de la obra. Sin duda la tecnología digital hace posibles estos procesos de manera muy explícita.

Mientras en ellos es una actitud, para quienes trabajamos en interactividad son aspectos incorporados naturalmente al proceso de modelado de la obra. Ya que en la medida en que el participante se involucra y desarrolla la obra, su control, determinismo, ambigüedad, son variables formales sobre las cuales se trabaja concretamente.

—¿Cuál es el estado de las artes electrónicas en el país?

—Hay mucho interés en las artes electrónicas, y las nuevas generaciones buscan acercarse a los nuevos soportes. Recibo a muchos chicos con ideas y proyectos en cuanto a clínica de arte y tecnología que buscan dónde concretarlos y pensar en tales procesos.

En el curso que a lo largo de este año dirigimos con Rodrigo Alonso en el Espacio de Fundación Telefónica, tuvimos 270 propuestas de obras interactivas. Se presentó gente de la más variada formación –artistas visuales, ingenieros, científicos, músicos, actores y diseñadores–, y el grupo que seleccionamos realmente es muy ecléctico. Muestra a las claras cómo la tecnología trasvasa todas las actividades y su posibilidad creativa también. Estos procesos no son patrimonio solamente de los artistas.

Hay mucho incentivo a la participación en concursos y muchas conferencias útiles sobre el tema en todas partes. No obstante creo que todavía faltan espacios de investigación en arte y tecnología, dónde explorar en la intersección de lo tecnocientífico y lo artístico con profundidad, mas allá de los resultados objetuales donde todavía, en la mayoría de los casos, está anclada la producción artística tecnológica en nuestro medio. Un poco más de riesgo no vendría mal, más apertura de ideas en la mezcla de prácticas y paradigmas, que los artistas estudien ciencias y viceversa. Romper prejuicios que todavía están muy arraigados.

Este creo que fue uno de los principales logros en nuestro curso de Telefónica: el acercar las partes. Es interesante que se conozcan quienes tienen saberes y abordajes del mundo muy diferentes, donde se necesitan distintos tipos de sensibilidades para explorar el mundo o jugar al arte.

—Si bien en la Argentina hay instituciones que ofrecen becas y concursos para financiar a nuevos artistas y proyectos, es difícil desde el punto de vista económico dedicarse al arte en nuestro país. ¿Cómo maneja Ud. su carrera y sus proyectos? ¿Cómo fue y es su experiencia hoy?

–Antes vivía en parte del arte y en parte de la ciencia. Con los años pude dedicarme solamente a lo que hago hoy día. Los proyectos en una primera etapa los he financiado yo mismo. Con los años he ido equipándome y obteniendo diversos subsidios, y apoyo de empresas en muchos casos, para armar las obras en las muestras.

En general estos procesos son largos, llevan años de trabajo. En muchos casos los proyectos tienen un costado pedagógico y así muchas de las propuestas que he desarrollado en las obras como procesos artísticos se enseñan en la Universidad de California en Santa Barbara, por ejemplo. Ahora mismo estoy preparando seminarios para la Central University of Missouri y la University of Kansas que surgieron hace unos años a raíz la compra por parte del Daum Museum of Contemporary Art de Missouri de “Libros de arena”, una obra que exhibí en el MAMBA en el 2004.

—Ud. es, a la vez, artista y docente en una especialidad que es nueva y sobre la cual, desde el punto de vista de la enseñanza, pareciera que aún está todo por decir y probar. ¿Cómo maneja su trabajo, en este sentido?

—Enseño lo que pude hacer y estudiar. Trabajar con los alumnos en proyectos me hace investigar mucho sobre los míos propios. Siempre que hago muestras, trato de incorporar a los alumnos al proceso de diseño y montaje. Para ellos y para mí es muy fructífero, les permite ver en concreto lo que a veces leen o les explican. Tener la experiencia en el terreno real cambia mucho la mirada de las cosas.

—¿Cuál es su mirada como docente, en qué hace foco, con qué materiales no pueden dejar de interactuar sus alumnos? ¿Qué materiales no pueden faltar en una mediateca de la carrera de artes electrónicas hoy?

—Me interesa que puedan desarrollar sensibilidades por ideas y formas en el arte y en la tecnociencia con total libertad. Todo elemento y concepto del mundo, venga de donde sea, es sustancia modelable artísticamente.

Trato de que el arte y la ciencia impregnen las vidas, sirvan para decir y actuar en el mundo desde lo propio de cada uno. Si son videos, pintura, robots..., será cuestión de explorarlo formalmente y estudiar mucho. Me interesa que todo esto sea observado y procesado desde ellos y sin pertenecer a ningún territorio específicamente. En un proceso artístico, como fue a lo largo de la historia, no se pueden desconocer las ideas de la época vinculadas a la ciencia y tecnología. Les enseño varios de estos paradigmas para incorporarlos en el arte naturalmente. También vemos artistas que aluden a la tecnología, a veces de manera más indirecta a nivel material, pero muy fuertemente a través de los procesos que llevan a cabo.

—Ud. se recibió de físico antes de dedicarse al arte. ¿Cómo se articulan estas distintas facetas en sus trabajos? ¿Las fronteras entre lo tecnocientífico y lo artístico son más fluidas y sutiles de lo que la gente cree?

—Ya no soy más físico, hace mucho que no trabajo en aquello.

Fluidas y sutiles... sí, efectivamente. Como fluidas, hay que buscar muchas líneas de conexión entre ambas prácticas. De un lado hacia el otro y viceversa.

Hay que experimentar mucho, superponerse a las empaquetaduras de las máquinas y entrar en lo que en ellas hay para operar desde allí. Para eso hace falta sutileza, un abordaje tosco de la tecnología puede ser predecible.

Me interesa involucrar el cuerpo a través de la suma de varios sentidos entrelazados en el acto de investigar entre el precepto y la forma. A diferencia de la percepción, que es una respuesta psicofísica, el precepto comprende un conjunto complejo de percepciones desencadenadas por la presencia de la obra y que se suman a aquellas percepciones pasadas o que de algún modo estaban constituidas en nosotros. Por otra parte opera el afecto, considerado no solamente como un estado emotivo, sino como aquel estado que nos obliga a detenernos en la obra, detenernos en la indagación.

De modo que me interesa proponerle al espectador un juego donde el precepto y el afecto se desarrollen en una compleja interrelación ante la presencia de la obra. Demandar del espectador una actitud lúdica de relación con la obra y la construcción del mundo a través de ella.

Ahora bien, esta relación perceptual y afectiva que se da ante la obra de arte, puede encontrarse también ante un experimento científico, un proceso que se da también en la vivencia de un fenómeno natural manifestado a través de un dispositivo experimental en el laboratorio. En la experiencia se aborda la naturaleza y su representación en tanto construcción humana. En ella se implica la totalidad del cuerpo que percibe y que construye en un acto buscador y “dador” de sentido.

Puede pensarse que tanto la práctica artística y científica proponen ideas y generan objetos que se nos presentan para ser experimentados, abordados; implican su construcción en un acto de interrelación perceptual y hermenéutica con esquemas de abordajes presentes y pasados evocados en el instante del afecto.

—Su obra “Libros de arena” presenta instalaciones que consisten en dos cubos de vidrio llenos de arena que cuando el público interactúa con la obra -con el movimiento de las manos- surgen códigos extraídos de la web. ¿Cómo explicaría la forma en que internet está modificando las características de comunicación en general?

—Creo que hay un gran impacto en cuanto a la posibilidad de conectarse al conocimiento, el intercambio con otros. Todo esto para quienes puedan acceder, sin dudas...

—El especialista en cibercultura Steven Johnson ha publicado un nuevo libro –Everything Bad is Good For you. How today's popular culture is actually making us smarter– en el que describe los beneficios que tienen los medios audiovisuales modernos para la inteligencia. Él dice que las últimas tecnologías nos hacen más inteligentes y despiertan nuestros sentidos. Pone como ejemplo los videojuegos, y la electrónica en general, como un auténtico desafío a la complejidad intelectual porque el cerebro debe resolver jugando una serie de problemas y salvar obstáculos que hacen que se active gracias a lo que él llama el sistema dopamina (la sustancia que emite el cerebro y que produce sensación de bienestar). Explica que el cerebro nos premia con la resolución de esos problemas produciendo dopamina. ¿Qué opina de la teoría de Johnson? ¿Y de los efectos de la nueva cultura multimedia para nuestros procesos mentales?

—No conozco nada de Steven Johnson, no podría opinar sobre su teoría. Según lo que leo en la pregunta, un tanto psiquiátrica, sobre los procesos mentales, inmediatamente me vienen a la mente tantos que antes que nosotros nos precedieron, y que sí probaron ser inteligentes y despertaron nuestros sentidos... hummm... no me atrevería con el señor Johnson... Cautela, Sr. Johnson, todo puede ser más complejo y sutil.


Fecha: Octubre de 2005