Valeria Román

Desde 1998, y después de haber sido colaboradora de Página/12 por un año, Valeria Román se desempeña como periodista científica del diario Clarín. En el 2003, fue elegida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para su programa de periodismo médico, y al año siguiente obtuvo una beca del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) para participar del programa Knight Science Journalism Fellowship, destinado a periodistas de todo el mundo interesados especializarse en temas de ciencia, tecnología y medicina.

Su trabajo como periodista fue distinguido en varias oportunidades: recibió el premio bianual de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico (2001-2002), el premio especial ACE de la Escuela de Oncología Europea (2003) y el premio del Instituto Isalud en la categoría individual para periodistas (2003).

—¿En qué consistió el curso de especialización en ciencia y tecnología del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) que usted realizó entre los años 2004 y 2005?

—Se trata de un programa de periodismo científico de un año de duración, que lleva adelante el MIT en Boston. Para ello, cada año se selecciona a diez periodistas del mundo —la mayoría de los EE. UU.—; este año se aumentó la cantidad de becarios. El curso consiste en seminarios específicos para periodistas, que se dictan dos veces por semana, y en materias y conferencias que cada uno elige de la oferta disponible en el MIT o la Universidad de Harvard. Cada uno elige en qué temas quiere profundizar y arma su propio itinerario, lo que resulta bastante difícil dada la amplia oferta de materias de ambas instituciones.

—¿Cuál fue su itinerario, y sobre la base de qué criterio lo armó?

—Hice una selección teniendo en cuenta un poco el futuro, y dónde vivo. Cursé una materia sobre política científica a nivel mundial, que estaba centrada bastante en la historia de la política científica en los EE. UU.; otra sobre el cambio climático; y después una tercera materia sobre Leonardo Da Vinci, ciencia y arte, que daba un profesor suizo al que Harvard había llevado especialmente para esa clase.

»En el segundo cuatrimestre hice una materia sobre enfermedades de la pobreza que dictaba Paul Farmer, un médico y antropólogo, fundador de la ONG Partners in health, que ayuda en temas de salud en Perú, Rusia y otros países. Hice también una materia de astronomía básica.

»Algo muy interesante es que tenía la posibilidad de entrevistar a cualquier científico que estuviera ahí; podía llamarlo y decirle: «Mire, yo vengo a hacerle una entrevista que no va a ser publicada en un medio, que es para mi aprendizaje personal». De este modo, entrevisté a muchos científicos argentinos que viven allá, como Carlos Núñez, un especialista en teoría de cuerdas; y me di el lujo de preguntarles cosas que, por el hecho de buscar una noticia, uno generalmente no se da cuenta de preguntar. Por ejemplo, al cosmólogo Matías Zaldarriaga le pregunté: ¿qué no se sabe hoy?

—A partir de su experiencia, ¿qué cree que puede aportar este tipo de actividad o espacio para el aprendizaje?

—Las entrevistas me sirvieron no sólo para ampliar mi campo de visión en contenidos y entender ciertas problemáticas, sino también para ampliar mi idea de cómo funciona la investigación científica. El estar ahí y verlos trabajar en los laboratorios permite ver la «cocina de la investigación», que la ciencia avanza por ensayo y error, y todo el tiempo que le lleva al científico aprender, encontrar cosas, probar las hipótesis, desmentirlas...

»Me sirvió muchísimo para ver cómo se construye el acontecimiento científico y cuáles son las limitaciones de los descubrimientos, cuáles son los dilemas internos que tienen, cuánto se lucha internamente por los subsidios para hacer la investigación: a eso uno más o menos lo huele en la Argentina, pero a nivel mundial también pasa, aunque en los países desarrollados se compite por mucho más dinero.

—¿Cuáles son los principales aspectos que propician un mayor interés y desarrollo en el campo del periodismo científico norteamericano?

—Por un lado, la población es mayor: hay mucha más gente dedicada a periodismo científico y están mucho mejor organizados. Hay dos asociaciones fuertes: una es la National Association of Science Writers (Asociación Nacional de Escritores Científicos), que incluye tanto a periodistas como a autores de libros de divulgación científica; la otra institución importante es la American Association for the Advancement of Science (AAAS) (Asociación Americana para el Avance de la Ciencia), que publica la revista Science. Y además está la Association of Health Care Journalists (Asociación de Periodistas de la Salud). De esa me hice socia, y fui a su congreso anual en abril del año pasado en la ciudad de Chapel Hill, en Carolina del Norte.

»Otro condicionamiento determinante es la cantidad de recursos de los que disponen; por ejemplo, ningún medio en Latinoamérica tiene la cantidad de periodistas dedicados a ciencia que tiene el New York Times —en ese momento eran alrededor de 15, sin contar los freelance—. Cornelia Dean, que fue jefa de esa sección, y actualmente está como editora, nos contó que el diario no tenía restricciones en este sentido: si ellos sospechaban que un río estaba contaminado, el diario ponía el dinero para hacer el estudio; o si se les ocurría hacer una nota sobre el Ártico o la Antártida, al día siguiente podían mandar a un periodista a ese lugar.

»Otro de mis compañeros de la beca, que trabajaba en The Boston Globe, Colin Nickerson, nos contó también que, a raíz de una cifra de la OMS sobre la cantidad de personas que mueren por día por muertes evitables, él le propuso al diario hacer una serie de notas en distintos lugares del mundo, donde se dieran estos casos. El diario aceptó y mandó a seis periodistas a distintos lugares del mundo —cada periodista estuvo un mes en cada uno de los países para hacer la nota—. Esa serie de notas después ganó un premio muy importante de EE. UU. de periodismo dedicado a temas sociales.

»Sin embargo, por momentos hay cosas muy comunes entre este y otros contextos, como lo difícil que resulta que los científicos entiendan los tiempos de un medio periodístico, o convencer al editor de que una nota debe ser publicada, o no.

Periodismo científico, como práctica y lenguaje

—Uno de los desafíos más importantes de la divulgación científica es el de comunicar temas complejos en un lenguaje accesible a un público amplio. ¿Cuáles son los principales conocimientos y habilidades que requiere este trabajo?

—Las principales habilidades son: en primer lugar, detectar que algo puede ser una noticia de interés para el público general —muchas veces es el editor quien lo detecta—; en segundo lugar, contar la noticia del modo más claro y atractivo posible, para que los lectores no dejen de leerla. Esto último implica que, si hay que incluir algunas palabras de la jerga de una disciplina, tienen que estar bien explicadas, nada se puede dar por supuesto-.

—En los últimos años las notas de ciencia de los diarios incorporaron fuertemente la infografía y otras representaciones gráficas. ¿Qué aportan estos formatos a la hora de comunicar contenidos técnicos o demasiado específicos?

—En general, predomina la idea de que las notas de ciencia tienen que estar acompañadas de algo visual como una infografía, que sirve para explicar un experimento o, si uno habla de una determinada enfermedad, para contextualizar en qué consiste esa enfermedad; generalmente se eligen puntos de la nota que resulta difícil explicar con palabras. Ahora bien, la infografía tiene casi un lenguaje aparte y requiere un gran trabajo, porque la información que incluye tiene que ser muy precisa e incluso más precisa que la que contiene la nota en sí.

Ciencia y escuela

—En una nota publicada en Clarín hace unos meses, usted comenta los resultados de una encuesta sobre consumos culturales, realizada a chicos entre 15 y 21 años, de escuelas secundarias públicas de todo el país. Allí se indica que el 40 % está frente a la pantalla más de 3 horas por día, y el 65 % no lee ni una hora. Teniendo en cuenta estos resultados, ¿de qué formas piensa que se podría motivar entre los chicos el interés por la ciencia?

—Creo que hace falta que los chicos sientan el disfrute por la ciencia y que los mismos docentes se interesen por eso. Cuando yo trabajaba en el suplemento de Informática de Clarín, en un momento estuve cubriendo Chicos e informática y entrevistaba bastante seguido a chicos que hacían cosas interesantes en informática, y después seguí entrevistando a científicos.

»Creo que entre los buenos científicos y los chicos no hay muchas diferencias: los científicos son esas personas que conservan la curiosidad; algunos consiguen domarla y tienen una vida rutinaria y oscura pero otros siguen teniendo esa curiosidad y pasión por conocer e investigar, para encontrar una respuesta y más preguntas.

»Hoy en día, sin embargo, no se está aprovechando esa curiosidad de los chicos; muchas veces, el mismo docente no sabe cómo estimular ese interés. Por otro lado, esto implica también estar muy actualizado respecto de lo que está pasando en las ciencias.

—Hace unas semanas se lanzó un programa de capacitación en periodismo científico dirigido a los docentes de todo el país. ¿Cree que hay competencias comunes en la tarea de un divulgador y un docente?

—Sí. Por ejemplo, mi mamá fue maestra y yo veo que mis notas son muy didácticas; creo que el periodismo científico tiene algo de un maestrito en el interior de uno, que siempre está hablando por la boca de otros, aunque hay periodistas que tienen una formación en alguna ciencia y pueden explicar el tema como autoridad.

El futuro de la divulgación científica

—¿Cómo evalúa el estado en el que se encuentra esta disciplina en nuestro país?

—Cuando yo empecé a trabajar en Clarín, en el año 98, para la mayoría de la gente era extraño que yo dijera que quería ser periodista científica; era algo que no tenía mucha salida laboral, ¿a quién le interesaba eso? Y, a ocho años de eso, ha habido un cambio importante. Si bien no hay suplementos de ciencia, como había antes, las notas de ciencia pasaron a formar parte del cuerpo principal de los diarios y actualmente compiten con los temas de economía, política, internacionales…;la noticia de ciencia y salud en algún punto ganó peso dentro de los medios.

»Y después, en televisión, creo que el programa de Paenza ha abierto un gran camino al llevar a los científicos a la televisión. La situación ha mejorado mucho; hay mucha más gente interesada en dedicarse al periodismo científico y todavía a futuro queda mucho por hacer.

—¿Cuáles son los temas de ciencia y tecnología del futuro?

—En temas de ciencia, uno de los principales es la crisis del agua, cuando muchos cursos de agua del mundo se están contaminando; y otro tema importante es qué energías va a usar el mundo en un futuro, si va a invertir en energías limpias, renovables, eso es todo un gran tema. Otro tema es el calentamiento global, si va a ser tan dramático como muchos piensan.

»Por otro lado, lo que se viene bastante fuerte son los desarrollos en nanotecnologías. Y en medicina está en sus inicios el tema de las células madre, y las terapias genéticas, que prometen mucho pero todavía está en duda si van a ser efectivas. Por último, en la Argentina o en América Latina queda mucho también por hacer respecto de enfermedades que deberían estar controladas y todavía no lo están, como el Chagas, el dengue, la tuberculosis, y el paludismo.


Fecha: agosto de 2006