31012007—Ud. dirige el Departamento de Comunicación del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México desde 2004, ¿qué desafíos le plantearon los cambios sociales y la apertura tecnológica?

—Desde que asumí el cargo comenzamos a trabajar sobre una propuesta de orientación del programa de Ciencias de la Comunicación. Esa propuesta debía responder a los cambios que se presentaban en el entorno: una sociedad cada vez más digitalizada, más dependiente de las nuevas tecnologías, demanda nuevas competencias en los profesionales. Por ello, desde hace dos años decidimos enfocar el programa en un nuevo perfil al que denominamos “comunicador digital”.

Trabajamos especialmente en la formación de la estrategia de la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Particularmente en la planeación, desarrollo y evaluación de programas integrales de comunicación de la era digital.

—Una de las cátedras a su cargo es la de Investigación en Comunicación Estratégica y Cibercultura. ¿Cuál es su mirada como docente, en qué hace foco, qué leen y qué producen los alumnos?

—La cátedra es, para quienes la integramos, un instrumento de estudio, investigación y desarrollo sobre el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación. Está orientada al análisis y crítica de la nueva ecología tecnológica. Nos basamos teóricamente en la escuela de Toronto, Nueva York, St. Louis. Específicamente en el pensamiento de Mumford, Innis, Mc Luhan, Postman, Ong, así como también el de nuevos autores interesantes que rescatan esta tradición, como Levinson, Rushkoff, Hayles, Bolter y –de Iberoamérica– destacaría, por supuesto, a Alejandro Piscitelli y a José Luis Orihuela.

Por el momento, el programa general se organiza en torno a las siguientes líneas de investigación: Comunicación Productiva; Imagen y Relaciones Públicas; Perspectivas de desarrollo de las nuevas tecnologías de información y comunicación; Comercio Electrónico; Gobierno Electrónico; Negocios Electrónicos; Educación Electrónica; Arte, Diseño y Producción Digital.

—Usted es docente de varias cátedras basadas en el modelo de Aprendizaje Basado en Problemas (ABP). ¿Cuáles son para Ud. las bondades de este modelo?¿El ABP funciona para todo el Tecnológico de Monterrey o es sólo la modalidad del campus?

—La técnica didáctica denominada Aprendizaje Basado en Problemas (ABP) forma parte de un grupo de recursos que ha adoptado el Tecnológico de Monterrey dentro de su nuevo modelo educativo. El Aprendizaje Basado en Problemas es uno de los métodos de enseñanza y aprendizaje que ha tomado más arraigo en las instituciones de educación superior en los últimos años. Tradicionalmente, el alumno se exponía a la información y posteriormente buscaba su aplicación en la resolución de un problema. En el caso del ABP, primero se presenta el problema, se identifican las necesidades de aprendizaje, se busca la información necesaria y finalmente se regresa al problema.

Considero que el ABP ha permitido que mis alumnos accedan al conocimiento a través de diversas situaciones que enfrentan, por medio de una sencilla metodología. Consiste en el aprendizaje mediante el análisis de situaciones conflictivas vinculadas con la realidad, para el estímulo del cuestionamiento y la instrumentación de conocimiento teórico.

El ABP busca que el alumno comprenda y profundice adecuadamente en la respuesta a los problemas que se usan para aprender, abordando aspectos de orden filosófico, sociológico, psicológico, histórico, práctico, con un enfoque integral. La estructura y el proceso de solución del problema están siempre abiertos, lo cual motiva a un aprendizaje consciente y al trabajo de grupo sistemático, en una experiencia colaborativa de aprendizaje.

Entre otras técnicas didácticas que emplea el Tecnológico de Monterrey, se encuentran también el Aprendizaje Orientado a Proyectos (POL por sus siglas en inglés), el Aprendizaje Colaborativo (AC), y el Método de Casos.

—Todavía existen prejuicios respecto de las carreras a distancia: se cree que son de menor nivel académico que las carreras presenciales. Al menos, esta es la situación en nuestro país, donde tampoco existe una extendida regulación al respecto. ¿Cómo es la situación en México?

—En México, como en muchos otros países, no existe una regulación específica para los programas a distancia. Únicamente tenemos las reformas que se hicieron en el 2000 a diversas disposiciones legislativas en materia de comercio electrónico, que brindan un poco de certidumbre a los actos celebrados a través de nuevas tecnologías, pero de ninguna forma resultan suficientes para normar la actividad educativa a distancia.

Por cierto, los razonamientos que impulsaron el desarrollo de las nuevas reformas y adiciones en materia de comercio electrónico obedecieron, entre otros factores importantes, al proceso de transformación del comercio mundial cimentado en la nueva revolución tecnológica que propició internet; y por otra parte, a la ausencia de un ordenamiento jurídico en México que reconociera la validez del tipo de transacciones que se efectúan cotidianamente en el ciberespacio.

Ciertamente existe la falsa idea de que los programas a distancia son de menor nivel académico que los programas presenciales. Yo diría simplemente, como sostienen muchos expertos en la materia, que son diferentes. Los programas virtuales estimulan distintas habilidades que los programas presenciales. Los primeros se enfocan más en el autoaprendizaje; los segundos en un aprendizaje más dirigido. Sin embargo, el entorno actual demanda más personas autodidactas.

Las tecnologías siempre reconfiguran el ambiente. El discurso político, la religión y la economía cambian dramáticamente como consecuencia de la introducción nuevas tecnologías. Por tal razón, las funciones de los profesionistas –mercadólogo, contador, abogado, arquitecto– también se redefinen, y si no se comprende esta reconfiguración se corre el riesgo de quedar rezagado.

—¿Cuál es la misión especifica del Proyecto Internet, cuyas operaciones Ud. coordina?

—Proyecto Internet surge en 1996 y definitivamente admite ser considerado como el primer centro de investigación de América Latina que desde una universidad –el Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México– decidió dedicarse a estudiar la internet, comprendiéndola como un nuevo medio de comunicación.

La misión es contribuir a la positiva transformación de México. A partir de allí se emprendió la creación y administración de la primera revista electrónica de Latinoamérica especializada en tópicos de comunicación, Razón y Palabra (1995); el desarrollo del sistema Internet de Petróleos Mexicanos, PEMEX. (1996); el desarrollo del sistema Internet de la Presidencia de la República. (1996); el desarrollo y administración del Sistema Internet de la Cámara de Diputados (1997); el desarrollo y administración del Sistema Internet del Senado de la República (1998).

—Del Proyecto Internet surge también el libro Internet: el medio de comunicación inteligente, una compilación de textos realizada por Ud. y Octavio Islas acerca de la cibercultura. Nos gustaría que nos explicara el concepto del libro.

—Internet, con su variedad de tecnologías inherentes, ha sido promotor de cambio y principal herramienta para la construcción de una nueva sociedad global en la llamada era digital. Gracias a este nuevo sistema de comunicación e información, cada una de las etapas comprendidas en los procesos básicos de organizaciones sociales puede encontrar amplias posibilidades de proyección para resolver complejas operaciones de cualquier índole, simplificar o suprimir pasos innecesarios, detectar irregularidades e inventar nuevas maneras de coordinar procesos, de un modo más ágil y efectivo, en busca de la innovación y el progreso.

Para la subsistencia en un naciente entorno no basta con sólo mejorar las viejas formas: es importante incorporar elementos de futuro. Por eso resulta indispensable, para los diversos grupos sociales, la comprensión de lo que algunos expertos denominarían “nuevo orden mundial”.

Como señalaba Marshall Mc Luhan, las tecnologías –en ese entonces aquellas de la era eléctrica (radio y televisión principalmente) reforman y reestructuran patrones sociales de interdependencia y cada aspecto de nuestra vida personal. Internet nos impulsa, una vez más, a reconsiderar y reevaluar prácticamente cada pensamiento, cada acción y cada institución. Con la llegada de esta tecnología todo cambia: la familia, la educación el trabajo, el comercio, el gobierno, y en general nuestras relaciones de comunicación.

—¿Cómo es el panorama de la televisión, la radio, el cine frente a internet?

—Internet ha alterado el entorno y ha redefinido muchas de las actividades tradicionales de la sociedad. En términos de los investigadores Jay D. Bolter y Richard Grusin, internet es un nuevo remediador. Este medio retoma lo mejor de los medios que le antecedieron y lo proyecta con consecuencias imprevisibles. En este caso se cumple lo que Marshall Mc Luhan señalaba hace más de 50 años: cuando un nuevo medio se crea, los antecesores se convierten en el fondo y el nuevo medio en la figura. Una interesante lectura de su famosa frase “el medio es el mensaje”.

Cabe señalar que en la historia de la comunicación masiva, casi ningún nuevo medio ha convertido en obsoleto al anterior, contrariamente a las predicciones que se acostumbra realizar cada vez que aparece un nuevo medio. La fotografía se suponía que terminaría con la pintura; el cine se suponía que terminaría con la novela; la radio se suponía que terminaría con los periódicos; la televisión se suponía que terminaría con el cine y con la radio.

Lo que realmente sucede es que el nuevo medio cambia a su predecesor, pero no lo reemplaza. El nuevo medio también extiende las capacidades de los medios que le anteceden. Bajo la óptica de Mc Luhan, los nuevos medios también son extensiones de los medios tradicionales. Internet vuelve a extender las habilidades para escuchar, hablar y manipular, y llena los espacios no cubiertos o abandonados por los medios convencionales de comunicación.

Paul Levinson –director del Departamento de Comunicación en Fordham, Nueva York, y miembro fundador de la Media Ecology Association– ha señalado, en uno de sus más recientes libros, que los medios aún compiten, y de forma más intensa, por la atención de las personas. En términos darwinianos –sugiere Levinson– la selección del ambiente mediático queda en manos de las personas, que contribuyen con su preferencia en la evolución de un medio determinado. Constantemente se decide entre ir al cine o quedarse en casa a ver televisión, leer un libro o ver un video, hablar por celular o enviar un correo electrónico. Los medios no evolucionan por una selección natural sino por una selección humana. El medio que mejor evoluciona es aquel que se ajusta más a las diversas necesidades del hombre.


Fecha: Diciembre de 2006