21032007Conversamos con las licenciadas Carolina Paganini y Silvia Curial, dos profesoras de Educación Física y psicomotricistas que han logrado mover espacios antes estáticos de la escuela y encontrar una mirada diferente: el lugar del cuerpo en la escuela. El cuerpo del alumno, el cuerpo del docente y su relación con el aprendizaje.

—¿Cómo pensar el aprendizaje de la lectoescritura bajo los lineamientos de la educación psicomotriz?

—La idea que llevamos adelante como psicomotricistas es tratar de que los docentes observen cómo es ese niño al que se le quiere enseñar a leer y escribir, cuáles son sus necesidades corporales, qué pasa con el cuerpo en la escuela y en el aula al momento de abordar el proceso de enseñanza y aprendizaje de la lectoescritura.

Escribir compromete a la motricidad fina y lleva al niño a la quietud. Eso contrasta con un niño que viene del Nivel Inicial, de jugar todo el tiempo, de moverse en la sala, de sentarse en el piso, etc. Si el docente tiene en cuenta el desarrollo psicomotor del niño, el encuentro con el contenido nuevo será mejor.

—¿Qué hay que tener en cuenta específicamente del desarrollo psicomotor?

—Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con la organización temporal y espacial. Si hablamos de la organización espacial, aparece en el plano gráfico de la hoja, en el empezar a escribir de determinada manera, sobre un renglón o sobre una hoja blanca donde tienen que marcar las líneas. Esta organización espacial se tiene que construir primero en el cuerpo del niño, en función del eje corporal. Si el niño puede lograr esa estructuración espacial de su cuerpo es probable que no tenga dificultades al pasarla al plano gráfico. Así como es probable que el desorden de la hoja tenga que ver con un desorden corporal.

Hay que tener en cuenta que los problemas en el aprendizaje en algunos casos pueden ser cuestiones de desorganización corporal y no dificultades en la adquisición de conocimientos. Pero también hay que tener en cuenta que ese problema corporal no tiene que ver solamente con lo orgánico, sino que tiene que ver con lo emocional, con las relaciones familiares, etc. Este es el tipo de mirada desde lo psicomotor.

—¿Y con respecto a las alteraciones en la organización temporal del niño?

—Un caso que ejemplifica fue el que apareció en una escuela en la que trabajamos con el registro corporal que tienen los chicos sobre el pasaje de una actividad a otra. Allí nos dimos cuenta de la importancia de dar tiempo suficiente para poder hacer el registro de una actividad, ya que muchas veces se les exige a los chicos pasar rápidamente de una actividad a otra, para respetar la planificación que el docente había preparado para ese día.

Otro tema es la articulación del pasaje de Nivel Inicial al primer grado. Esta articulación tiene sus conflictos. El niño de seis años que comienza el primer ciclo tiene que organizarse para adaptarse a la nueva modalidad de trabajo, que requiere quietud para poder concentrarse, por ejemplo, en la escritura, pero esos niños de 6 años –desde la perspectiva del desarrollo psicomotor– necesitan movimiento. Entonces lo que se genera es una tensión en todo el cuerpo cuando tienen que quedarse sentados y tomar el lápiz y concentrase en el aprendizaje de la escritura. Lo que es bueno para estos casos es hacer trabajo de relajación y registro corporal antes y después de copiar del pizarrón, o de cualquier otra actividad que implique mucha quietud. Esto les va a ayudar a preparar el cuerpo, y para que realmente puedan disfrutar de la adquisición del nuevo conocimiento.

—¿Y cómo trabajar esto en la escuela?

—Desde la educación física, con los chicos trabajamos todo lo que sea soltar la articulación del hombro, aflojar los brazos, registrar el cuerpo y la postura, vivenciar sensaciones de tensión y distensión, de quietud y movimiento. Pero el trabajo corporal requiere un tiempo de continuidad para lograr resultados, y no sólo se debe trabajar en la hora de Educación Física sino también como modalidad dentro del aula. Seria interesante que los docentes puedan vivenciar estos trabajos corporales para luego llevarlos al aula, así como también pensar en la posibilidad de modificar el espacio, correr los bancos, y permitir, permitir-se, el trabajo corporal en el aula.

—¿Cómo sugieren que sea la dinámica del aula?

—Los docentes podrían hacer un trabajo de registro corporal con los chicos antes de salir al recreo y al regresar, y antes y después de una actividad. Trabajar en el patio y en el aula, porque el aula en general se usa como un espacio de quietud y no de movimiento.

Una buena propuesta es que los chicos puedan experimentar el aula de otra manera, tocando las paredes y el piso, mirando el techo y haciendo una mirada del aula desde otro lugar, o en realidad haciendo casi por primera vez un registro del lugar en el que están todos los días. Esto favorece mucho la creatividad y la imaginación, y el registro desde lo corporal de lo que están haciendo y lo que van a hacer. Esto permite fijar mejor lo aprendido: si no, van y vienen sin poder registrar nada.

Creemos que nuestra propuesta, basada en los lineamientos de la educación psicomotriz, es una experiencia positiva para docentes y alumnos. Los docentes, después de participar de un taller de psicomotricidad, nos dicen que antes nunca habían pensado en su cuerpo ni en el de los chicos, ni el en tono de voz que usan (algo muy importante también).

—¿Cómo podría un docente preparar el cuerpo del alumno?

—El trabajo corporal es muy importante, porque sino ¿dónde voy a sembrar lo que yo quiero enseñar? Es bueno que los docentes puedan programarse cinco minutos de trabajo corporal, cuando los chicos vienen del recreo, antes de sentarse, para cantar, gritar, moverse, saludar al compañero, trabajar con opuestos: el silencio y el ruido, movimientos rápidos y lentos, etc. Este trabajo también puede servir como evaluación diagnóstica para el maestro, para saber en qué están los chicos y planear en función de eso la próxima actividad, es decir, tomar los emergentes.

—Y el docente ¿cómo debiera preparar su cuerpo para afrontar su tarea diaria?

—Eso es muy importante, es un trabajo que hay que tener presente en todo momento. En las capacitaciones nosotras marcamos siempre en qué momentos del aula está más expuesto el cuerpo del docente: reunión de padres, actos, reuniones con directivos. Allí hay que preparar el cuerpo antes, por ejemplo registrando en qué partes del cuerpo hay tensión, dolor, cómo hacer para relajar porque eso se trasmite en el tono de voz, en la mirada, etcétera.

La idea es que puedan registrar qué trasmite el propio cuerpo en el aula y hacer la vivencia.

—En el profesorado el área de psicomotricidad no es obligatoria para la formación integral del docente, es optativa. Sin embargo, en la mayoría de las salas de Nivel Inicial de los institutos privados trabajan con el lineamento psicomotriz…

—Claro, en los colegios privados le dan mucha importancia, pero en los jardines de infantes estatales no existe a nivel masivo el trabajo con psicomotricistas. Nosotras hemos logrado llegar a algunos jardines estatales, pero en el nivel de la capacitación dentro del colegio, y sólo a los colegios que nos lo solicitan, porque al no existir dentro del currículo formal es difícil que los colegios estatales puedan incluirla. Lo que sucede, muchas veces, es que se confunde la psicomotricidad con la educación física, y no es lo mismo.

—¿En qué radica sustancialmente esta diferencia?

—Más que nada tiene que ver con el concepto de cuerpo de cada disciplina, la mirada que se hace del cuerpo y lo que el cuerpo produce. El profesor de Educación Física está más pendiente del cuerpo-instrumento. Por ejemplo, en primer grado deben lograr que los chicos puedan saltar con un pie y con dos pies, alternando. El psicomotricista puede mirar ese mismo fenómeno y ver otras cosas. ¿Cómo salta, por qué no salta, qué experiencias de saltos anteriores tiene?

—Una mirada muy relacionada con la mirada psicopedagógica. ¿Cómo llevan adelante en la escuela esta articulación?

—En la práctica resulta difícil. Pero es así como debería trabajarse, es un área a conquistar. Por ejemplo, ahora nos han convocado de un jardín de infantes privado para abordar el fenómeno de los chicos con ADD desde la mirada de la psicomotricidad, y en trabajo conjunto con los psicopedagogos.

—Y ¿cómo es la mirada de un psicomotricista para con un chico con diagnóstico de ADD?

—Nuestra mirada no es la de ver a un chico con problemas de conducta –como lo ven en la escuela muchas veces– sino que observamos el porqué su necesidad de movimiento, qué se puede hacer para que ese movimiento encuentre rumbo. Trabajamos con el cuerpo y el movimiento y con lo que siente el chico en relación con los otros chicos y en relación con el adulto. De hecho, muchas veces el diagnóstico es ADD con hiperactividad, y la hiperactividad en algunos casos es abordada desde la psicomotricidad. Se podría abordar con trabajos de registro corporal, de concientización del propio cuerpo; la consigna es “cuidá tu cuerpo, pero también cuidá el cuerpo del otro”. Lo importante en estos casos es salir del lugar de la queja, porque es una realidad que se presenta en muchas aulas. Todo cambió. Los chicos no son los mismos que hace unos años, hay que tratar con esto, y la psicomotricidad tiene herramientas.

—Sí, el mundo cambia y los chicos con él. ¿Qué cambios importantes notan ustedes en los chicos?

—Hoy los chicos desde pequeños juegan con videojuegos, con la computadora, con la playstation, con la televisión, etcétera. Y eso los estimula muchísimo. Lo que les proponíamos a los chicos en el Nivel Inicial, tres años atrás, no es lo mismo que proponemos ahora: hay que trabajar a partir de lo que ellos traen.

Lo que sucede es que sufren una sobreestimulación. Porque en muchas escuelas se ofrece hacer inglés, computación, todas las materias curriculares y a veces doble escolaridad. Y salvo en la hora de Educación Física no hacen trabajo corporal.

Si bien la realidad familiar en algunos casos requiere que los chicos tengan que estar todo el día en el colegio, la escuela tiene que proponerles un lugar para el juego libre y espontáneo. Lo que importa es poder llevarles un poco de calma a los chicos.


Fecha: Marzo de 2007