11042007¿Quién es LAFH?

Nacido en Málaga y periodista de profesión, fue corresponsal científico de El Periódico de Catalunya, entre muchos otros medios iberoamericanos y europeos en los que trabajó –como la BBC de Londres y la Radio Porteña, de Buenos Aires– entre 1969 y 1973.

Fundador y director de la empresa Enredando.com (uno de los primeros medios de la Red) y de la revista electrónica en.red.ando, luego convertida en el libro En.red.ando, sobre la vida en internet y el impacto social y económico de la comunicación digital, que fue prologado por el sociólogo Manuel Castells.
LAFH ha desarrollado los elementos conceptuales de la "gestión de conocimiento en red" (GC-Red).

Recientemente visitó la sede de educ.ar donde lo entrevistamos (en diálogo con el staff) sobre su línea de trabajo actual: la gestión de conocimiento en red, para la cual ha desarrollado una tecnología y una metodología para el trabajo en colaboración en red, la creación de comunidades virtuales y el aprendizaje en espacios virtuales de redes de arquitectura abierta, como internet.

—En el 2004 Ud. debió cerrar el emblemático portal Enredando.com, que había fundado. ¿Por qué hubo que cerrarlo?

—Lo cerramos porque en los últimos tiempos teníamos una serie de problemas económicos. Curiosamente, lo que ha ocurrido luego –en estos últimos tres años– fue el desarrollo de sistemas de gestión de conocimiento en red (hoy se lo llama red social o Web 2.0), que era el trabajo central de Enredando.com. Creo que el problema no fue tanto que nos adelantáramos en el tiempo –porque si lo hicimos en aquella época es porque ya era posible– sino que no acertamos con los lugares en que eso se podía ofrecer, ya fueran empresas o instituciones con las que trabajábamos.

Lo que sucedía y sigue sucediendo hoy es que “la gestión de conocimiento en red” está inmersa en una tremenda confusión de la que participamos todos (y las consultoras son las que más propician esta confusión). La gente habla de esto como de algo que es aplicable a internet, pero no lo es.
“La gestión del conocimiento”, y no “la gestión de conocimiento” procede de lo que en los años 60 se llamó el management, en Estados Unidos, y que estaba vinculado a la administración de empresas. La gestión del conocimiento corresponde solamente a entidades corporativas, donde se sabe cuál es el conocimiento que hay en esa entidad corporativa (por eso se llama gestión “del” conocimiento de la entidad), pero el problema es que no sabe quién lo tiene y cómo lo tiene. Entonces, con la gestión, lo que se trata de hacer es extraer ese conocimiento que está dentro de la entidad corporativa, y que la entidad sabe que es un conocimiento que le pertenece. Entonces la gestión del conocimiento se corresponde con la estructura jerárquica de la entidad corporativa, y esto no tiene nada que ver con internet.

La ciencia nueva de internet es la gestión “de” conocimiento en red, no de un conocimiento específico sino de conocimiento que uno construye sobre la red, la construcción de redes para gestionar o generar conocimiento. Sobre esto hemos trabajado siempre. En 1999 pusimos en marcha el primer sistema de conocimiento en red, una plataforma que se llamó en media, creada a partir de una metodología de gestión de conocimiento en red.

—¿En qué está trabajando ahora?

—Lo que sigo haciendo es trabajar en lo que ya en aquella época llamábamos redes de conocimiento, es decir, la creación de espacios virtuales sometidos a una metodología de trabajo, con gente muy preparada para aplicar esa metodología.. Y particularmente ahora estoy enfocado en aplicar estas redes de conocimiento en el mundo de la ciencia y la tecnología.

Antes la información científica tenía que pasar necesariamente por los medios de comunicación para llegar a la sociedad. Hoy, uno de los cambios que ha traído internet es la facilitación de este camino de llegada a la sociedad, y así es como las universidades aparecen en la Web por primera vez. Hoy estoy trabajando para que los resultados de la ciencia se conviertan en contenidos elaborados para distintas audiencias (desde el lector curioso hasta la empresa, la institución y la administración).

Hace 10 años, cuando uno se preguntaba dónde voy a buscar información, se vivía en el reino de los formatos: de la media hora del noticiero televisivo, las 80 páginas del libro o las 30 de un periódico, y ese era el mundo. Y en los 20 y 30 últimos años, ante el aumento del volumen de la información se planteó una ofensiva para encontrar los mecanismos que permitieran llegar a los medios de comunicación, porque eran la salida “natural” hacia la sociedad.

Antes de internet cada uno tenía su propio gabinete de comunicación que presionaba para llegar a los medios de comunicación, pero siempre había una limitación. Cuando aparece internet lo que ocurre es que el volumen de la información que se generaba entró todo en internet. Pero como internet somos todos, a ese volumen colectivo de información se le unió el de cada uno. Hemos pasado de un mundo finito desde el punto de vista de la información a un mundo infinito: nos movemos con información infinita.

Y esto es un problema para todos los habitantes del mundo: si no gestionamos información es mejor comprarse un boleto hacia Marte, porque aquí no vamos a tener nada que hacer. En el mundo en que vivimos no debería haber absolutamente ninguna carrera en la que la gestión de la información no sea el punto esencial del trabajo por hacer. Y la verdad es que no hay en el ámbito de las ciencias de la comunicación (en el área del castellano) una universidad en la que haya gestión de la información. Es decir que tenemos mucho camino por delante.

Y la otra cosa que ha hecho internet con el viejo mundo de la información finita (en el que éramos una audiencia consumidora de la única oferta de información, por ejemplo los 200.000 lectores de periódicos) es que ahora –cuando la información es infinita, porque cada uno se ha convertido en productor de información– cada uno de nosotros forma parte de audiencias específicas (la audiencia de los cosechadores de caracoles de Bolivia conectados con los de China, etc.): las audiencias también son infinitas. Y el problema es que cuando debemos gestionar la información tenemos que transformarla en contenidos para estas audiencias. Es decir, que no son contenidos para todos, porque no existe el todo, la audiencia única, y hay que hacer contenidos para cada audiencia.

Y yo me sigo sorprendiendo de las páginas de internet y veo que todavía hoy no hay un recorrido para distintas audiencias. Y luego aparece el problema de cómo ver ese contenido, la arquitectura de la información (la manera en que se organiza el contenido), es decir, el espacio en el cual las audiencias ven cómo la información convertida en contenidos permite consumir esa información (plataformas, sistemas). Dependiendo del contenido que se quiera mostrar, siempre hay una forma de presentarlo mejor. Por ejemplo: la gente enseguida dice yo voy a hacer una página web, y a lo mejor no tiene que hacer una página web sino un sistema de información solamente.

—Ustedes empezaron ya en el año 96 desarrollando su propio software de gestión del conocimiento y lo llevaron al sector público y a algunas empresas. ¿Nota que hay diferencias entre aquellos software y los que se desarrollan hoy, o lo que importa son las ideas y no tanto la implementación técnica?

Las ideas son fundamentales. La forma como nosotros concebíamos lo que después se programaba y se convertía en una plataforma –la conceptualización– era central. Yo creo que aquí radica el problema de la Web 2.0: hay mucho lenguaje alrededor de la Web que en realidad es poco significativo desde el punto de vista de lo que realmente se consigue con ello.

Hoy sigue viéndose la pugna entre quienes tienden hacia la automatización, pensando que el conocimiento se puede automatizar, sin darse cuenta de que se pueden automatizar procesos muy avanzados de generación y gestión de la información, pero el conocimiento en un momento determinado necesita la intervención de la neurona, de los individuos. Esto significa que la parcela de las ideas juega un papel central.

Lo que se sigue reivindicando son las ideas, porque además esa es la historia de internet: cómo las ideas se van aplicando y se van convirtiendo después en programación.

Ahora tenemos en el mundo de la formación en internet (que es una parte esencial de la Web porque ahí siguen surgiendo ideas, contenidos, metodologías, actividades de trabajo) una disquisición entre quienes propugnan la idea de plataformas homologables y homogéneas y quienes –como yo– decimos que la plataforma es precisamente la expresión más avanzada de la educación a través de la comunicación digital, y tiene que estar adaptada a cada una de las circunstancias.

Es decir que no hay homologación: no es lo mismo el sistema educativo que hemos heredado de la sociedad industrial, en el que la escuela era exactamente igual en cualquier punto del planeta, que la formación dentro de internet, para la cual la escuela tiene que estar adaptada a las necesidades cerebrales de cada individuo.

En este nuevo planteo de formación por internet no hay por qué tener un proceso educativo estructurado, ni por edades ni por segmentos sociales ni por segmentos de ingreso, como los tenemos ahora, sino sólo a partir del conocimiento. Esa es la idea de la sociedad del conocimiento.

Entonces, y contestando mejor a su pregunta, la diferencia entre lo que son las ideas y el sistema de programación será cada vez más notable en el desarrollo de los próximos años.

—En España se ha invertido millones de euros en laboratorios de informática para este tipo de formación: una educación diferenciada pero dentro del sistema macroeducativo (porque no estamos hablando de escuelas chárter o educación a domicilio, sino de la escuela pública o privada pero con un ritmo individualizado, con un target mucho más focalizado en cada individuo, remediando en algunos casos y potenciando en otros). Pero aparentemente los resultados no son muy exitosos. ¿Cómo ve el programa de alfabetización digital desarrollado por Redes y otras organizaciones del país?

—Efectivamente, no es muy exitoso, no sólo en el caso de España sino en toda Europa. Lo que sucede es que en la formación on line surge un fenómeno extraordinario.

Se puede saber de YouTube, de Google, pero no necesariamente de lo que es la problemática de la formación on line. Y esto es lo que está ocurriendo en todo el mundo: gente que no ha estudiado, que no ha hecho nada en el campo de la formación on line y a la que de repente se le encarga que dentro de la educación secundaria o en la universidad haga formación on line. Esto no puede ser.

La diferencia que marcábamos en Enredando.com es que nosotros sí planteamos desde el comienzo una capacitación en esta línea. Dictamos tres master de comunicación digital.

Y aunque hubo una masificación de la red a nivel mundial, y todo el mundo ve que el proceso de reciclaje y retroalimentación de conocimientos es posible –porque la red lo facilita– al mismo tiempo no hemos formalizado los conocimientos necesarios para saber qué es lo que se necesita saber, qué es lo que hay que impartir, cómo se lo evalúa, qué capacitación produce esa evaluación.

Y esto para la educación es importantísimo, porque significa empezar a descomponer conocimientos en función de los individuos y ver que hay conocimientos que se empiezan integrar al estilo de las experiencias que ya se han visto en videojuegos. Porque no siempre hay que dividirlos en literatura, historia o matemáticas, etcétera. Al mismo tiempo, no hay que tener a los alumnos de las mismas edades juntos, sino que se puede empezar a mezclar según las capacidades de cada alumno, que así podrán expresarse mejor.

Esta es una problemática que vamos a tener que afrontar desde todos los ángulos: gobiernos, instituciones públicas, empresas y sociedad, porque los conocimientos necesarios para una sociedad que se organiza en redes se van a gestar en este tipo de procesos.


Fecha:
Marzo de 2007