03042008—Para empezar hablemos del cine para los más chicos. El ser director, guionista y docente de cine, supongo, puede ponerlo en una encrucijada a la hora de llevar a su pequeña hija al cine o de alquilarle una película ¿Cómo se lleva con la multitud de ofertas del mega circuito comercial de cine infantil?

—Generalmente me informo sobre las películas para chicos que se estrenan y así elijo. También conozco los gustos de mi hija y eso incide. Me gustan mucho las películas para chicos y sobre todo los dibujos animados así que ir al cine es una actividad placentera.

—En la primera infancia como padres y docentes podemos incidir de una forma más poderosa sobre el cine que ven los chicos. Podemos mostrarles películas artísticamente interesantes que muchas veces salen del cliché y colaboran a ampliar más su mirada sobre el arte y el mundo. Usted como experto tiene un conocimiento más amplio de opciones para los más chicos. ¿Qué títulos y directores podrían formar parte de su selección? ¿Cuáles son los criterios que pueden guiarnos en una búsqueda alternativa para el cine de los chicos?

—Creo que uno de los aspectos más importantes es ofrecerle diversidad, que no se vuelvan monomaníacos, que no consuman un solo tipo de libros o de películas todo el tiempo. Mi hija al año ya había visto algunos videos que tenía (los cortometrajes de Wallace y Groomit, que estaban en inglés!), y cuando descubrí que era más económico comprar los videos o los DVD que alquilarlos, empecé a comprarlos. Mi hija tiene sus videos y ella misma fue eligiendo. Otros los fuí consiguiendo porque no estaban disponibles, como Kirikou, o algunas como Mi vecino Totoro, del director que hizo El viaje de Chihiro, Hayao Miyazaki, y que ella ve en japonés, porque no hay versión doblada al castellano.

Creo que todo depende de cómo se tomen los padres ese ir al cine o alquilar o ver películas: los chicos perciben si se toma eso como algo insoportable o algo que les permitirá disfrutar una experiencia juntos. Creo que es preferible el riesgo de equivocarse o adelantarse a aceptar lo cómodo,que es darle siempre a ver lo mismo. Me ocurrió cuando ella vió Monster House por primera vez, o cuando vió E.T., y tenía 4 años. El tema es vencer el hábito y darles lo que la TV propone : éso es lo que hay que desmontar.

—Hoy es innegable la preponderancia de la cultura audiovisual en todos los ámbitos y la escuela no es ajena a ésto. El cine se ha convertido en uno de los aliados de los profesores de idiomas, historia, literatura, música, etc. Pero el cine tiene un lenguaje propio que se vale de determinados signos y de modos de producción que sería interesante también que se conozcan. ¿Qué libros introductorios les recomendaría a los docentes que quieran saber más sobre cine o sobre cómo abordarlo en el aula?

—No conozco libros con una didáctica para chicos. En todo caso, se pueden leer los libros que explican el lenguaje del cine (manuales, etc) e ir explicando por ahí. Creo que la mala manera de enseñar es a través de los « temas » de una película. Hay que enseñar a ver y éso es posible si se explica que es un plano, el montaje, el fuera de cuadro. Y sobre todo, si se muestra quiénes lo hacen bien y por qué. El gusto no está disociado del aprendizaje. No hay un aprendizaje técnico y otro expresivo: son una misma cosa.

—Y en internet ¿qué sitios de cine nos recomienda?

—Por mi trabajo leo muchos sitios de cine en otros idiomas, para aquellos que buscan otro tipo de perspectivas (como Senses of cinema), o bien algunos interesantes de América Latina (varios chilenos : La fuga, o Analízame, o sobretodo Mabuse). En Argentina, el que tiene mejor información y que es solo de cine, es Otros Cines.

—Desde hace muchos años dicta el curso Análisis del film en el Centro Cultural Ricardo Rojas ¿cómo es esta experiencia? ¿Se abordan también nuevos formatos?

—Lo más interesante de estos cursos « abiertos », es que el desafío consiste en desarrollar un programa para gente con distintos saberes, intereses y edades. Buscar ejemplos de películas que les puedan interesar a todos. El programa es un teórico y no uso textos anexos porque el armado lo construí en base a diferentes textos y el curso es muy corto para discutirlos en clase. La cuestión de los nuevos formatos, creo, no sirve para la enseñanza al menos para un abordaje como el que yo hago, que no incluye cuestiones sociales como la modificación perceptiva ocurrida en los espectadores. Si se enseña a ver, no importa lo que miren o el formato en que fue hecha la película.

—Respecto del nuevo cine argentino, ¿podríamos hablar de una corriente estética homogénea como se puede hablar de cine iraní, por ejemplo? ¿Ayuda ésto, en todo caso, a hacer del cine una industria cultural?

—Felizmente, el cine argentino es cada vez menos homogéneo. Las películas son todas muy distintas y esa imprevisibilidad es una de sus grandes riquezas.

—Con su pelicula «Yo no sé qué me han hecho tus ojos » estuvo en competencia oficial en la V edición del Bafici, sección "lo nuevo de lo nuevo del cine argentino" ; y fue uno de los principales programadores en las tres últimas ediciones del festival. Hoy es el director. ¿Qué se siente estar del otro lado?

—El Bafici es un festival que siempre sentí muy cerca, por el estilo de películas que se ven y por el fervor con que los espectadores lo reciben y lo viven. El sentimiento más fuerte es el de la responsabilidad: es difícil continuar y tratar de mejorar algo que siempre funcionó muy bien.