Laura Devetach nació el 5 de octubre de 1936, en Reconquista, provincia de Santa Fe. Vivió en el litoral hasta 1950, luego se trasladó a Córdoba, donde se formó en Letras Modernas. Allí vivió hasta 1976 y desde hace muchos años reside en Buenos Aires. Su voz poética trajo aires y sonidos nuevos a esos objetos llamados libros para chicos. Es autora de cuentos, poesías, ensayos, y ha recibido muchos premios. Fue guionista de programas infantiles de TV, periodista, coordinadora de colecciones vanguardistas de literatura infantil como El pajarito remendado, Los morochitos, Libros del Malabarista, entre otras. Su papel y sus palabras han contribuido muchísimo para darle al género infantil un status literario de gran envergadura. Aquí nos habla de su trabajo como escritora y del valor del arte en la vida de los niños y de los adultos.

250620081—Últimamente se han estado reeditando varias obras suyas que acompañaron a distintas generaciones de lectores. ¿Cómo encara estas reediciones? ¿Deja que se publiquen exactamente como en sus versiones originales o hace algún tipo de trabajo de reescritura, impulsada quizás por el trabajo con un nuevo ilustrador o por el paso de los años?
—Reviso los textos y corrijo o modifico según los casos. En general siempre encuentro alguna palabra para reemplazar, o mejoro la puntuación, los cambios no pasan de eso. Salvo en Picaflores de cola roja en el que, como trata de una situación escolar, me pareció mejor actualizar las palabras del dictado que hace la maestra, ya que ese cuento nació integrando Monigote en la arena (1), entre l969 y 1974. Luego lo separé, habían cambiado mucho las cosas en la escuela.

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Picaflores de cola roja, de Laura Devetach, il. Juan Marchesi (Ediciones de la Flor, 1980)
Picaflores de cola roja, de Laura Devetach, il. Tania De Cristóforis (Alfaguara, 2003)
El ratón que quería comerse la Luna, de Laura Devetach, il. Juan Manuel Lima (El Ateneo, 1985)
El ratón que quería comerse la Luna, de Laura Devetach, il. Oscar Rojas (Sudamericana, 2006)

El ratón... es anterior, Canción y pico, es de los ochenta y no fueron tocados.

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Canción y pico, de Laura Devetach, il. Saúl Oscar Rojas (Sudamericana, 2007)

Otros libros tuvieron muchas más correcciones en el mejor de los sentidos. La plaza del piolín fue primero integrante de un texto escolar (2).

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La plaza del piolín, de Laura Devetach, il. Nancy Fiorini (Alfaguara, 2001)

Al quedar liberado, le agregué muchísimas cosas que, pasados diez años se pudieron decir, y más aún fuera del ámbito escolarizado. No es que antes las hubiera reprimido, simplemente aquí evolucionó mucho el campo para quien se anima y agregué cosas que antes no existían y que hasta habían sido escritas para adultos. Y ahí están. Se toma conciencia de los cambios con el paso del tiempo y con estas reediciones.

—Además de las reediciones, usted sigue publicando nuevos libros, en los que es notable la evolución de su poética. En el tramado y el trabajo con la palabra hay búsquedas de una intensa integración con la imagen gráfica del poema, o del cuento, o incluso del libro como objeto. ¿Cómo es el proceso creativo con los ilustradores en esas exploraciones? ¿Lleva mucho tiempo? ¿se juntan para trabajar?
—Hay distintos tipos de libros ilustrados, entre ellos, los que no tienen un texto independiente y también los que tienen un texto que se sostiene solo. Como autora, siempre trabajo con un texto terminado y que podría publicarse sin ilustración. El ilustrador corre con ventaja porque ya sabe sobre qué material va a desplegar su imaginario.Yo hago la vigilia esperando el nacimiento. Cada caso es distinto y depende mucho de cada profesional y de las editoriales.

A veces, antes de saber yo quién ilustrará, presento a los editores un planteo de ideas básicas sobre la ilustración: qué tipo de niño, de qué extracción social, alguna idea sobre el ritmo general del texto completo, etcétera.

Luego el dibujante trabaja libremente y a veces median algunas consultas o me mandan los primeros planteos. Hay diálogo y dialéctica. Lo que sucede es que hay también una misteriosa cuestión de afinidades. Con Juan Lima no necesitamos demasiadas vueltas. Una vez dije sobre eso que nos pasa: «Es como cuando se baila. Está la música y ¡adentro!».

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La hormiga que canta
, de Laura Devetach, il. Juan Lima (Ediciones del Eclipse, 2004)

Con Istvan pasa lo mismo, son años de intercambios y, como jugando sale: «Dale que hacíamos avioncitos, ¿querés?». Yo tenía el libro terminado y le conté a Istvan la anécdota de mi infancia de las esquelitas de amor en aviones. Y nos fuimos dando cuerda uno al otro. Él hizo un mono inmediatamente. Luego realizó las fotos, los collages. También sacamos algunos poemas porque no estaban a tono o preferimos dejar aviones en blanco para que el lector pusiera su mensaje.

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Avión que va, avión que llega: poemas para mandar en avioncitos de papel
, de Laura Devetach e Istvansch (Ediciones del Eclipse, 2007)

Con O´Kiff fue mi primera experiencia, y salió redondita. Él se metió en el mar del cuento y siguió la partitura con gran pericia creando un mundo fascinante, para seguir con el dedo, la mirada y el corazón. Yo le pedí que hiciera algún guiño con Fontanarrosa (acababa de morir) y puso al Mendieta en un barquito de papel ¿Qué más puedo pedir? Y desde la editorial allanaron todos los caminos.

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Cuento escondido, de Laura Devetach, il. O’ Kiff (SM, 2007)

—¿Quién es la Tía Sidonia a la que la une un lazo de tantos años y tantos cuentos?
—Tía Sidonia —que hace mucho es Sidonia porque se casó con Peteco (3), el de los pantalones de papel de diario— es una mítica tía que yo tuve, la tía Julia. Y también bastante yo misma. Tengo cuentos para adultos con Sidonia y algunos destinados a los jóvenes en Diablos y Mariposas.

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Así, así y asá, de Laura Devetach, il. Saúl Oscar Rojas (e.d.b., 2005)

A través de esos dos personajes reconocibles para mí, debe haber muchísimas mujeres más.

DIABLOS Y MARIPOSAS
—Hay cosas que no se pueden contar así, con la boca. Por eso quizás se escriben— piensa Sidonia.
Abre la libreta.
Diablos, escribe.
Mariposas, escribe.
Las palabras quedan allí, encendidas, combinándose, armando rompecabezas en la arena de la libreta.

Diablos y mariposas, de Laura Devetach, il. Istvansch (Ediciones del Eclipse, 2005)

—En sus obras es posible leer millones de imágenes (tengan o no dibujos los libros), y permiten evocar voces con particulares tonos, sonoridades, y músicas que andan por ahí, asociar con otros libros, otras literaturas. ¿Con qué estímulos se nutre usted para crear esos universos?
—Yo siempre «leí» y absorbí la vida a través de los sentidos. Creo que cada mínima cosa que existe tiene su palabra, su nombre, su voz. Todo lo pequeño es lo que enriquece las lenguas, lo que se sale de las cajitas, de los moldes, los garbanzos peligrosos, el juego libre de los chicos, sus palabras nuevas, sus puntos de vista, las actitudes y sonidos y colores de los artistas, la risa de los pueblos, los olores y sonidos de la vida.

Tenemos dentro un reservorio —que no todo el mundo reconoce— de elementos misteriosos que en algún momento van encontrando su palabra. Es el propio espacio poético, desconocido, descalificado y temido. Cuando este espacio poético se va enriqueciendo, es muy fácil engancharse con la literatura y el arte. Por eso creo que además de bregar por comida para más niños debemos bregar a la par por alimentar estos espacios poéticos con libros y arte en general. Esto nutre, motiva y da autonomía y libertad de conciencia.

—Sus libros están llenos de referencias a la vida cotidiana, a la historia de nuestro país, a los problemas existenciales del hombre, a las difíciles circunstancias de los que menos tienen, sin recurrir al golpe de efecto o a mensajes bien pensantes. ¿Cómo trabaja para volver literatura la realidad que nos rodea, los temas que la preocupan?
—Para mí una metáfora dice mucho más que una explicación racional. A veces pienso que estamos tan habituados a cierto discurso monocorde que por más que se lo repita, ya no nos dice nada. Me interesan las acciones de personajes que tengo cercanos y cuyas historias trato de contar como las contarían ellos, pero ayudados por una voz narradora a la que —a su vez— los personajes vigilan y ayudan a expresar el mundo insólito y reservado de la distracción, la imaginería, el ensueño o el viaje que un personaje realiza mientras toma un plato de sopa.

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Periquito, de Laura Devetach, il. Juan Lima (SM, 2007)

—En torno a la literatura infantil y juvenil en general y a la poesía dirigida a los chicos existen muchos mitos y presupuestos. Viendo el panorama de la producción actual suya y de otros autores, ¿qué obras recientes destacaría como más experimentales o que han ido marcando rupturas? ¿Qué presupuestos cree que se fueron derribando? ¿Cuáles falta sortear?
—No voy a nombrar obras porque no estoy al tanto de todo lo que se publica, por un lado, por el vértigo de las novedades, que son cuantiosas en cuanto a libros en general, y, por otro, me dediqué a otros aspectos de mi oficio. Pero creo que los caminos abiertos, allá por los ochenta por Graciela Montes, Ema Wolf, Gustavo Roldán, Graciela Cabal, Silvia Schujer, Ricardo Mariño y tantos otros, fueron inmediatamente capitalizados por muchos autores jóvenes y no tan jóvenes.

Algunos se quedaron en esos modelos. Otros dieron pasos eficaces hacia la ampliación del campo. Lo que me resuena hoy es una cuestión de tendencias: veo allí apuestas poéticas importantes, una noción del devenir histórico junto a la aventura y el misterio, soltura en el uso del lenguaje y del juego. Pero también están los libros del mercado o escritos por «famosos», allí ya no interesa la literatura.

Otra tendencia importante es la fuerza adquirida por la ilustración, que dio excelentes libros, aunque también está el riesgo de quedar en la pura imagen y en el descuido del texto. Todos sabemos que la ilustración narra y el ensamble con la palabra tiene sus leyes. Muchos bellos libros ilustrados hacen agua en el texto.

En cuanto a lo que falta abordar...A mí, personalmente, me falta abordar con eficacia todo aquello con lo que no me atrevo.

—De todas las actividades y propuestas didácticas que se han hecho sobre la base de sus libros (y que llegaron a sus ojos u oídos), ¿recuerda alguna que le haya impactado gratamente y alguna que la haya sorprendido por lo descabellada o exagerademente pedagogizante?
—Me cae gratamente cuando las maestras les dicen a los niños, luego de una lectura: «A ver... ¿qué pensaron o sintieron ustedes sobre todo esto?». No faltan por suerte ocasiones en las que esto suceda, pero no son las más.

Una anécdota que me hizo reír (porque elegí reír y no llorar): una maestra que me contó, poniendo a sus alumnos de jardín por testigos, cómo les había enseñado lo que era una metáfora. Tomó de Monigote en la arena (1) el texto: «El agua tendió lejos su cama de burbujas para no mojarlo» y les dijo que esas palabras eran puntillitas que la autora ponía para adornar el cuento, lo mismo que hacía ella cuando ponía puntillas en su guardapolvo.

—Además de su actividad como autora, usted tiene una larga trayectoria como docente, coordinando grupos y talleres de reflexión sobre experiencias de lectura y escritura para adultos. ¿Tendrá pronto forma de nuevo libro toda esa experiencia suya?
—Sí, está saliendo en principio, La construcción del camino lector, editado por Comunicarte, de Córdoba. Allí se compendian años de experiencias y reflexiones sobre el lector, sus vínculos con la poesía y la ficción, el lugar de la literatura en la vida de las personas y en la escuela.

—En cuanto a las nuevas tecnologías algunos escritores de literatura infantil y juvenil tienen sus páginas web, más o menos dinámicas, más o menos actualizadas, más o menos interactivas. ¿Cómo es su relación con las nuevas tecnologías?
—Si tuviera unos cuantos años menos y menos cosas frente a las cuales quedar con la boca abierta, tendría blog, página web y etc. Ahora sólo tengo un celular para emergencias. La computadora, sí, me acompaña, cuando el servidor de estas horribles empresas sin rostro quieren. Pero hasta ahí llego.

—¿Cuáles son sus proyectos en este momento?
—Mis proyectos... ¡no hacer nada!, pero resulta que se me cruza algún poema trotando, algún cuento no me deja dormir, alguien me pide una charla, o me hace un reportaje. Y me engancho. Pero hablando en serio: mi proyecto actual es aquietarme para ver cuál será realmente mi proyecto más profundo de esta etapa de vida, por el que estoy curiosa.


Notas

(1) La autora se refiere a su libro Monigote en la arena, actualmente editado por Ediciones Colihue. El cuento que da título al libro puede leerse en la revista Imaginaria.

(2) El libro de texto referido es La plaza del piolín. Leer e imaginar (libro integrante de El Trébol Azul 3, textos para 3° Año EGB). Buenos Aires, Aique Grupo Editor. 1993

(3) La historia de Sidonia y Peteco aparece en el libro Cuento del pantalón, publicado por Ediciones Colihue (1995).


Más libros de Laura Devetach

Margarita tenía una pena
. Il. de Jorge Cuello. Ediciones Colihue (1988)

Yo ratón. Il. de Juan Manuel Lima. Ediciones Colihue (1988)

Coplas de la humedad. Il. de Jorge Cuello. Ediciones Colihue (1990)

La casa de Javier. Il. de Gustavo Roldán (h). Ediciones Colihue (1990)

Milongas tamaño alpiste. Il. de Gustavo Roldán (h). Sudamericana (1991)

Oficio de palabrera. Literatura para chicos y vida cotidiana. Ediciones Colihue (1991)

El hombre que soñó
. Cuentos orientales. Ediciones Colihue (1992)

Historia de amor. Il. de Claudia Legnazzi. Ediciones Colihue (1993)

Se me pianta un lagrimón / Pobre mariposa
. Ediciones del Cronopio Azul (1994)

Historia de Ratita. Il. de Juan Manuel Lima. Ediciones Colihue (1995)

Lombriz que va, lombriz que viene. Il. de Nora Hilb. Editorial Sudamericana (1996)

Todo cabe en un jarrito
. Il. de Juan Manuel Lima. Ediciones Colihue (1996)

Zongos y Borondongos. En coautoría con Laura Roldán. Il. de Gustavo Roldán (h). Editorial Alfaguara (1999)

Del otro lado del mundo. Il. de Viviana Garófoli. Editorial Alfaguara (1999)

El enigma del barquero
. Il. de María Rojas. Sudamericana (2000)

Los Pomporerá (selección de poesía popular). Il. de María Rojas. Editorial Sudamericana (2000)

Cositos. Il. de Cristian Turdera. Editorial Alfaguara (2007)

Periquito, de Laura Devetach, il. Juan Lima (SM, 2007)

La loma del hombre flaco. Il. de Jorge Cuello. Editorial Alfaguara (2007)

Cuentos en tren. Il. de Roberto Cubillas. Editorial Alfaguara (2008) 


Para seguir leyendo

Laura Devetach obtiene el VI Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil. En: educ.ar (25-10-2010).


Fecha: junio, 2008