INGRESAR

26 de junio: aniversario del nacimiento de Juana Manso

Figura iluminadora, escritora, periodista, maestra e infatigable defensora de los derechos del niño, de la mujer y de los pueblos nativos.

Por: Educ.ar - 18/06/2020

“La escuela es el secreto de la prosperidad de los jóvenes”. Juana Paula Manso

Nace en Buenos Aires, el 26 de junio de 1819 y desde muy temprana edad, Juana muestra especial interés por aprender y adquirir nuevos conocimientos. Se interesó por los idiomas, en particular el francés, y por la música. Si bien se destacó por su inteligencia y curiosidad, el rechazo que sentía por los métodos educativos, la llevaron a alejarse de la escuela. Aunque era buena estudiante, no conseguía tener buenas notas porque no lograba aprender el abecedario de memoria. Los métodos educativos, por ese entonces, se limitaban a los dogmatismos, la transmisión verbal y los castigos físicos. 

Tenía una inmensa fascinación por los libros, los que además de leer, a veces traducía bajo el seudónimo “una joven argentina”. Se sabe que las mentes brillantes, no eran bien vistas y debían mantenerse en el anonimato. Juana supo desde muy joven lo que era sentirse perseguida por ideas políticas, cuando tuvo que enfrentar, junto a su familia el exilio en más de una ocasión.

Sin otros estudios escolares, Juana se revela como autodidacta, y guiada por su vocación de docente, funda en la habitación de su propia casa de Montevideo, el Ateneo de Señoritas donde le da clases a niñas y señoras de aritmética, lectura, labores, cuidado de los modales de las damas, lecciones de moral, gramática, francés, piano, canto, dibujo y materias como geografía e historia, que hasta el momento era impensadas dentro del plan educativo. Es esta la primera oportunidad que tiene Juana para poner en práctica sus métodos de enseñanza, los que incluían, además de un buen trato a sus alumnas, fomentar el interés por aprender y emancipar a las mujeres desde el saber.

Lo propio hace también en Brasil, dando clases particulares de idiomas a familias aristócratas, que le permiten rodearse de una ambiente más bien cultural y literario, y donde conoce a su marido, un violinista portugués, con el que se iría de viaje por Estados Unidos y Cuba.

De su experiencia en Estados Unidos, aunque no fuera la que esperaba, pudo rescatar ideas de liberalismo femenino, modernos métodos de enseñanza y pedagogía, y los ideales antiesclavistas. Modelos que la llevaron a escribir su novela Los misterios del Plata, donde por primera vez utiliza la escritura como herramienta para criticar los modelos socioculturales del territorio rioplatense.

Luego de una corta estadía en Cuba, Juana, su marido y sus dos hijas regresan a Brasil. Retoma la enseñanza particular e incursiona en el mundo del periodismo escribiendo, editando y fundando O Jornal das Senhoras, donde, enmascarado entre artículos de moda y buenos modales, expresa su descontento sobre la desigual condición social de la mujer, el racismo y la esclavitud. Cuando su padre muere, y su marido la abandona, decide regresar a Buenos Aires. 

Sus viajes por el interior de América la nutrieron con innumerables experiencias en materia de educación, emancipación femenina y defensa de los pueblos nativos, ideales por los que Juana no se dejaría de luchar. 

De espíritu inquieto, e inquietante, tenía la necesidad hacerse oír, de alzar la voz por los sectores más postergados: los niños y las mujeres. Convencida de que la educación era la solución para remediar los problemas de desigualdad, propuso comenzar la escolaridad a la más tierna edad, entre 4 y 5 años, cuando los niños y las niñas son como plantas, cada uno con una naturaleza que los hace únicos. Pero al mismo tiempo consideraba que la escuela, tal como se la conocía, no estaba preparada para recibirlos. Ellos venían del seno materno, de los abrazos y el amor de su madre, para ir a la escuela, lugar hostil, con maestros distantes, enojados, y donde eran castigados si reían o si jugaban. Entonces pensó un lugar ideal, más favorable para ellos, que fueran espacios únicos como los niños. Un lugar más luminoso, con patios grandes donde pudieran jugar abrigados por el calor del sol, y con galerías para que pudieran resguardarse de la lluvia. Un Jardín para sus seres más amados: los niños.

Maestra de alma y profesión, Juana dio singular batalla por la revalorización de la docencia como capital estratégico, y puso mayor empeño en la formación profesional de las maestras, para que fueran las jardineras capaces de cultivar aquellas pequeñas mentes en desarrollo; y que además de tener buen corazón fueran competentes a la hora de enseñar, y de acompañar a los niños en su primer acercamiento a la vida en sociedad. Después de todo, las aulas, la escuela, los compañeros son, ni más ni menos, que la primera experiencia que tenemos como individuos libres y actores en la sociedad.

Abanderada de la educación experimental, apoyó la participación activa del niño, basada en la intuición, la observación, la comparación y la reflexión; y de este modo fomentar su espontaneidad. Juana estaba segura que sí se mantenían los corazones en contacto, las mentes también lo estarían. Y por eso era partidaria de establecer el orden desde la ocupación y no desde el castigo físico. Una ocupación que fuera adecuada a la edad, y agradable al gusto, porque así la atención se absorbería y el orden se establecería naturalmente. Ella estaba hablando del juego como parte del aprendizaje, algo tan divertido y sencillo como un juego que llamara la atención de los niños y los invitara a la participación activa y práctica. Debido a lo mencionado anteriormente, implementó la música y el ejercicio físico, en oposición al silencio y a la inmovilidad características de la escuela hasta ese momento.

Fue pionera en disponer el juego al servicio de la educación. Y le dio vida a los tan queridos y ansiados recreos. El momento que esperábamos para jugar a la mancha, cambiar figuritas, saltar, divertirnos, ser niños. Un método pedagógico tan acertado, que además de procurar el descanso de la mente, tenía el poder específico de nutrir el alma de los más pequeños. 

En medio de las innovadoras reformas que Juana venía poniendo en práctica, la creación de escuelas mixtas, era para ella una de las más importantes, y necesarias a la hora de formar ciudadanos que fueran libres e iguales, porque para ella, al alma humana no se le había asignado un sexo. Creía fervientemente que las escuelas mixtas, lejos de perturbar las mentes, lograrían exorcizar, de una vez por todas los fantasmas instalados sobre la aproximación de los sexos. Y así lo expresaba:

“Reunidos en la familia y en la humanidad, y separados por la preocupación en la escuela que es el previo aprendizaje de la vida”. Juana Manso

Hacedora de cultura y comprometida con la educación, Juana se esforzó en predicar la divulgación de la lectura como transmisora de la promoción social y humana, y fiel a su causa, decidió crear bibliotecas públicas, a las que donaría hasta sus propios libros. 

En su deseo de mejorar la enseñanza y destacar la función esencial del maestro, Juana escribe el primer libro de texto adecuado para las escuelas primarias, con criterio didáctico, y palabras fáciles de grabarse en la memoria y el corazón del niño.

Su pensamiento educativo y social voló por encima de las mentalidades de su época, y tuvo que soportar críticas y ofensas; y aunque la llamasen “la loca” nada de esto le impediría continuar la lucha en defensa de sus ideales: educación común para todos, igualdad de sexos y libertad religiosa. 

Juana confiaba tanto en su misión, que estaba segura que, más temprano que tarde, daría sus frutos. Y así fue, cuando en 1884 se promulga la Ley 1.420 de Educación que establece educación común, gratuita, obligatoria y laica (con recreos incluidos) a los niños y niñas de la Argentina.

Aunque no es una personalidad a menudo destacada en nuestra historia como debería ser, Juana dialoga constantemente con el presente. Su pensamiento sigue vigente en materia educativa, y es representante indiscutida de la lucha. Y si a Sarmiento lo recordamos como “el padre del aula” qué nos impide llamarla a ella, a la mujer, a “la otra loca”, a Juana “la madre del aula”, pues nadie más merecedora del nombre que ella.


 

Otras novedades relacionadas