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Se podría desplegar un sistema entero de enseñanza de la filosofía en base a este objetivo simple: lograr un diálogo pensante en la clase. Hasta podemos ampararnos en la idea de que estamos reproduciendo el virus platónico fundamental de la filosofía, personas que charlan e investigan en común los temas que surgen de sus preguntas fundamentales. Al respecto me parece importante tener conciencia de que lograr este objetivo no es fácil, que es algo que no está dado sino algo que requiere de un trabajo muchas veces arduo.

Dado que la fuerza del entusiasmo personal es la única fuerza capaz de alentar el crecimiento y de ofrecerle al individuo la energía suficiente para enfrentar los obstáculos presentes en el camino de todo deseo o todo logro, me parece que tenemos que partir de ella en el trabajo de pensamiento que nos proponemos con la materia filosofía. Puede parecer un desvío, pero recordemos que la experiencia de pensamiento que no ancla en la sensibilidad es una experiencia meramente formal y sin sentido. Tareas de este tipo, bien afirmadas en el reconocimiento del mundo sensible del alumno, permiten construir un diálogo verídico de desarrollo insospechado. Someto a consideración este esquema de trabajo, para ver qué les parece. Los invito a aportar para mejorarlo.

Entre los muchos cambios que han tenido lugar en tiempos recientes se ubica en un lugar central la reconsideración de las filosofías orientales como visiones del mundo extremadamente valiosas para nuestro trabajo de pensamiento. Sabemos que su influencia se hizo sentir desde el principio de la historia de la filosofía occidental, pero me refiero a un efecto más cercano y al que creo debemos relacionar con el hecho de que estas filosofías (budismo, zen, hinduismo, etc) privilegian el punto de vista existencial. Miran desde el individuo, aunque parte de su propuesta sea precisamente superarlo.

Me doy cuenta de que mucho de lo que propongo hacer en la necesaria transformación de la materia filosofía tiene un sesgo psicológico. Cabe la pregunta: ¿no se trata de perspectivas e iniciativas que tendrían su lugar más bien en la materia que lleva ese nombre, en vez de en la nuestra? Creo que la diferencia está en que la filosofía vivida y no estudiada (debemos lograr precisamente esa modificación en el enfoque) implica la vivencia del pensamiento y ésta, de manera natural y obvia, involucra al ámbito de la experiencia personal a la que se suele considerar propia del terreno psicológico.

Hace unos días publiqué en este blog la propuesta de una tarea para darle a los alumnos de filosofía, consistente en que cada uno redacte un texto escribiendo cien preguntas. En este posteo empiezo a hacer el ejercicio desde el punto de vista del profesor de filosofía. Pido a los valientes que lo continuen. Numeren, por favor.

La filosofía no suele abordar frecuentemente muchas de las cosas fundamentales y esenciales que debería pensar, como por ejemplo lo planteado en el título de este texto. Seguramente aparecería, en el intento de responder, más de un aporte a la definición de nuestra labor, e incluso a la definición siempre móvil de la filosofía misma.

Una buena premisa para pedir la escritura de los alumnos podría ser denominada el ejercicio de la perspectiva: el alumno debe escribir como si fuera otro. Se trata de plasmar los pensamientos íntimos que otras cabezas tienen en su interior, del ejercicio experimental de descubrir a través de un juego de imaginación la posible mirada que alguien distinto de nosotros ejerce sobre el mundo y sobre su propia vida como una manera de encontrar la nuestra.

La filosofía podría ser descripta como el emprendimiento cognoscitivo de más alto voltaje, el que acepta el desafío de captar la generalidad del sentido, la rama del conocimiento que formula y aborda los problemas que las disciplinas particulares (más realistas pero más acotadas) no logran jamás concebir. La filosofía es así parte de ese escenario emotivo individual en el que las personas tendemos a generar una visión del conjunto de la existencia, necesario horizonte del despliegue de nuestras aventuras vitales.

Además de utilizar la herramienta del diálogo de la manera más simple y directa -pero no por eso poco efectiva-, generando intercambios de pensamientos en la clase, se me ocurre otra forma de usar los diálogos en las clases de filosofía que también puede resultar muy útil. Consiste en pedirles a los alumnos que escriban diálogos imaginarios entre personas específicas.

En la disciplina filosófica existen numerosos diccionarios destinados a ayudar al estudiante a orientarse en una terminología extensa y muchas veces confusa. Pero todo diccionario es en el fondo un trabajo filosófico, ya que presenta definiciones de los objetos de este mundo, es decir, crea una visión de la realidad a partir de la posición de quién mira las cosas y dice qué son. A eso podría reducirse la definición de la actividad del filósofo si tuviéramos que informar de ella telegráficamente: filósofo es quien dice cómo es el mundo.

Se celebra el Día de la Filosofía. La filosofía diría que con un solo día no le basta, que el despliegue pensante que ella encarna necesita más tiempo y más espacio, que todos los días son suyos, pero sírvanos el pretexto de recordarla con una fecha para llamar la atención sobre su importancia y sobre la necesidad de actualizarla. Debemos darle la vitalidad que requiere, alejándola del rigor mortis en el que la tradición la confina. Sea el siguiente texto una invitación a avanzar en ese sentido.

En el trabajo de pensar y enseñar a pensar, la moral está sobrevaluada. Todas las posiciones son examinadas y observadas según las consecuencias sociales que puedan tener. No es que no sea importante el universo social, ni que debamos militar en una ignorancia de la comunidad, pero en ese énfasis extremo en el sentido social de todas las ideas lo que se logra es que las ideas no aparezcan.

No vamos a dejar de asombrarnos frente a la importancia que tiene la música en la vida de los hombres. Si no bastara el hecho de su omnipresencia en todas las culturas podríamos señalar el grado de pentración que determinadas músicas tienen en nuestras sensibilidades determinadas, y el enorme poder sugestivo que posee. Los alumnos de los colegios secundarios están además en una etapa de su evolución en la que la experiencia musical es más fuerte que nunca, ¿no deberíamos como docentes de filosofía intentar hacer hablar a ese mundo de emociones e imaginaciones profundas?

La educación enamora haciendo que los chicos hablen de lo que les importa. Presupuesto falso: la educación es contenido. No, es predisposición, es libertad (y libertad es exigencia, compromiso con un deseo que no es sencillo vivir).

Ahora se habla del tema de la diferencia entre los sexos utilizando la palabra "género". Desde un punto de vista filosófico, y en forma más humana y directa -sin seguir al lenguaje académico de la época-, haríamos mejor en aludir al tema de la existencia de hombres y mujeres. Esta doble naturaleza humana expresa la diferencia fundamental entre los individuos, la más completa y básica.

La escritura de un diario personal es una herramienta fundamental para el desarrollo de la observación y el autoconocimiento, una costumbre que sería sensacional instalar en los alumnos. ¿Es filosofía? Sí, porque es pensamiento vivo, amplio, desatado, ambicioso, capaz de tratar todos los temas y de hacerlo adiestrándose en la mayor de las libertades. A los efectos de un trabajo de aula sería posible sumarle a la práctica de la escritura cotidiana la propuesta de una serie de consignas que permitieran tanto renovar constantemente el interés como ofrecerle a ese pensamiento puesto en escena un estímulo que lo desafíe y haga crecer.

Me gustaría compartir con los habitués de este blog una frase de Donald Winnicott, psicoanalista inglés. Proviene de su sensacional libro El hogar, nuestro punto de partida, una recopilación de ensayos sobre diversos temas. Dice así: "El triunfo lo constituye el logro de la madurez a través del proceso de crecimiento, no la falsa madurez basada en la fácil personificación de un adulto. Esta afirmación encierra hechos terribles".

1. Comprar un cuaderno que te guste, cómodo de llevar (recomiendo tamaño escolar y no universitario). Ese cuaderno va a ser el cuaderno dedicado al diario y no se lo puede usar para ninguna otra cosa ni se le pueden sacar hojas ni nada. Tiene que estar a salvo de las miradas indiscretas de las demás personas, porque aunque no vaya uno a poner allí nada secreto (y lo más probable es que haya cosas muy íntimas) es importante saber que se trata de algo que es estrictamente privado.

Tal vez las clases deberían pensarse sobre todo en función del eje apatía / entusiasmo. Tal vez deberíamos de dejar de lado toda otra consideración metodológica. Los profesores solemos enfrentarnos con esa actitud temida y clásica de desconexión y desinterés por parte de los alumnos, como si estos hubieran dejado allí sus cuerpos y estuvieran en otro lado.

Un día, en una oficina del Ministerio de Educación, me encontré con un extraño libro de gran formato llamado "El libro de las 365 afirmaciones". Al hojearlo ví que en cada una de sus páginas había un dibujo de estilo infantil y una frase sencilla y afirmativa.

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