Martín Varsavsky
Martín Varsavsky

—Como mentor, creador y mecenas del proyecto educ.ar, ¿qué esperaba del proyecto en sus inicios y qué espera hoy para el futuro de educ.ar?

—Yo creo que educ.ar es un avión que despegó, que perdió altura, que casi se estrella, pero que logró solucionar sus problemas y ahora está subiendo de nuevo y mejor que nunca. Y creo que es una historia similar a la de la Argentina de los últimos años, que estuvo muy cerca de estrellarse, y educ.ar junto con la Argentina.
¿Qué significa lo que digo? Significa que el objetivo de educ.ar es tener el mejor sitio educativo de la Argentina, que los docentes sepan usarlo y que los estudiantes tengan los medios para poder navegar y recibir una educación mejorada con el uso de las nuevas tecnologías. Estas son las tres patas de educ.ar: contenidos, capacitación y conectividad, lo que llamamos las “tres c” de educ.ar.
La de los contenidos siguió funcionando, siempre tuvo continuidad, desde el 2000 hasta ahora, y por eso tenemos el sitio que tenemos, que es fantástico. Pero las de la capacitación y la conectividad son las que sufrieron enormemente en los años 2002 y 2003, y tienen un gran atraso.

Martín Varsavsky
Equipamiento informático destinado a instituciones educativas

Ahora, la gran noticia de esta semana es la entrega de las computadoras: es el sueño de los últimos cuatro años. Llegaron 10.000 computadoras y las está entregando el Ejército. Por supuesto que faltan más, pero en breve estarán llegando 40.000 computadoras más. Así que yo creo que educ.ar, finalmente, está despegando y muy bien.
Tanto es así que en el año 2000, cuando empezamos con educ.ar, la idea de mi Fundación era que no sólo iba a haber un portal en la Argentina, sino que se trataba de un proyecto que pudiera unir al mundo hispano. Con la idea de que la matemática no es argentina, ni la química es boliviana, ni la biología es peruana, sino que es matemática, química, biología, y que todo lo tenemos en común. Sólo algunas materias, como la historia y la geografía, tienen particularidades de cada país, pero no la mayoría de los contenidos que hay en un portal educativo. Y tardamos mucho en hacer eso, porque los demás países no tenían portales educativos, estaban en peor situación que la Argentina. Pero luego de que la Fundación Varsavsky creó educ.ar en Argentina y en Chile, donde la Fundación Chile se encargó de construirlo bajo la dirección de José Joaquín Brunner–uno de los mejores educadores de América Latina–, se logró llevar adelante el proyecto. Y mañana, 27 de agosto de 2004, se realiza en Santiago de Chile una reunión con diecisiete ministros de Educación: es el día de la creación de la Red de Portales Latinoamericanos. Yo voy a ir allí a dar una charla, y estoy muy contento de que eso se haya hecho realidad.
La Argentina va a ser el principal donante de contenidos, porque ahora tenemos más contenidos que los otros países, pero pronto seremos beneficiados. Lo importante en esto es el ahorro que se produce, porque vamos a sumar esfuerzos y logros entre los países y habrá un intercambio gratuito de contenidos.

—A su llegada al país lo invitaron a la presentación en Campo de Mayo de la Campaña Nacional de Alfabetización Digital, donde la novedad no es solo la campaña sino que el Ejército colaborará con el Gobierno Nacional en la logística de recepción y entrega del equipamiento en todo el territorio nacional. ¿Qué sintió estando allí? ¿Qué opina de la nueva función que el gobierno le ha asignado al Ejército, y de la Campaña de Alfabetización Digital en su conjunto? 

Cuando me enteré, y además me enteré de que iba a tener que ir a Campo de Mayo por primera vez, estaba la verdad un poco shockeado, porque yo asocio al Ejército con períodos nefastos de la historia argentina. Pero la verdad es que finalmente quedé muy bien sorprendido y entusiasmado con la idea de poner al Ejército a hacer estas cosas, porque tuve una muy buena charla con el general Bendini, me pareció una persona democrática y con mucha vocación de que la Argentina salga adelante; y porque la idea de usar la capilaridad y la presencia del Ejército por todo el país para algo tan bueno como es entregar las computadoras es buena. Lo que al principio me pareció una mala idea terminó pareciéndome una gran idea.

Martín Varsavsky
Martín Varsavsky en acto de lanzamiento de la Campaña Nacional de Alfabetización Digital

Pienso que la Campaña Nacional de Alfabetización Digital es el mejor esfuerzo que se ha hecho en la Argentina. Me parece que esta Campaña y el proyecto de educ.ar son casi la realización de un sueño, porque es exactamente lo que queríamos cuando empezamos educ.ar. Es la articulación, la ejecución de la idea de conectar a los colegios, capacitar a los docentes y entregar contenidos de calidad. También va más allá, porque incluye a gente que ya no está en el sistema educativo.
Por ejemplo, la idea de los certificados digitales para gente desempleada, que en tres meses podría adquirir conocimientos para el uso de las computadoras y conseguir un trabajo. Porque hoy en día la gran urgencia de la Argentina es conseguir un trabajo. La idea de adaptar la educación a las necesidades de la gente me pareció muy buena.
Pero siendo empresario lo que me parece más importante es que está el dinero para hacerlo. Antes se hablaba de muchas cosas, y yo hice mi donación y nadie más donó. En cambio, ahora el gobierno puso 30 millones de dólares de su propio presupuesto para hacer la Campaña y eso es una gran noticia: no es sólo un plan, es un plan con los recursos.

—¿Cómo ve el proceso de incorporación y uso de las TIC en la educación en España? ¿Existe un fuerte sustento político y económico desde el gobierno español para que las escuelas tengan computadoras y que estas se transformen en potentes instrumentos para la educación?

—Bueno, cuando empezó educ.ar yo tomé a un español, Rafael Rivera, que hizo el plan de conectividad para la Argentina. Rafael volvió a España y entusiasmó al gobierno español para hacer Red.es, que es como educ.ar, es el educ.ar español. Y aunque empezaron dos años más tarde, el hecho de tener los recursos y haber gastado 200 millones de euros –alrededor de 700 millones de pesos– hizo que avanzaran muy rápidamente, y ya tienen casi todos los colegios conectados. Así que Red.es el educ.ar de España y les está saliendo muy bien.


—¿Cuáles son los escollos con los que se encuentran los españoles a la hora de implementar programas que apunten a la incorporación de las TIC en la educación?

—A nivel del uso concreto de las computadoras, yo diría que el problema más grande que hay en España es la falta de conocimiento del medio por los docentes. Quizás esta es la parte que todavía tienen que trabajar mucho. Porque internet ha tenido un auge impresionante en España, pero me atrevo a decir –aunque no tengo los datos estadísticos– que el docente medio está por detrás del español medio en el uso de internet, no adelante. Y creo que es necesario el trabajo con los docentes, o con algunos, porque otros son internautas fanáticos. Internet divide a los docentes entre aquellos a los que les encanta internet y el medio y lo quieren usar, y los que no lo quieren usar.

—¿Cuál es su rol como embajador itinerante de la Argentina?

—Bueno, a mí me nombró embajador el presidente De La Rúa y después el presidente Duhalde y Kirchner volvieron a nombrarme. Lo que yo hago para la Argentina –primero quiero aclarar que no cobro para hacer eso, y es un título y un trabajo que hago ad honórem–, es representar al país en lugares no convencionales, porque el servicio diplomático está diseñado para países: uno es embajador en España, o en EE.UU. o en Islandia, o donde sea. Pero hoy en día hay nuevos territorios, que no son países pero que son muy importantes. Por ejemplo, uno podría decir: la conferencia anual de Davos ¿es un país, es las Naciones Unidas?. No. Sin embargo, yo organicé en Davos la presentación sobre la Argentina: eso es un ejemplo de las cosas que hago como embajador itinerante. Organicé que muchos empresarios de todo el mundo y políticos como Rodrigo Rato vinieran al seminario que hice sobre la Argentina en Davos. Otra cosa que hago es salir a defender a la Argentina en los medios españoles, por ejemplo cuando atacaban a la Argentina con el default. Felipe González, Jorge Valdano y yo hicimos una defensa de la Argentina y del pueblo argentino cuando muchos españoles estaban furiosos porque no les pagaban sus deudas o, en el caso de las empresas, porque les pesificaron los ingresos. Nosotros hicimos una labor de comunicación para explicar lo mal que estaba el pueblo argentino, y cómo el pueblo español tenía que ser más solidario. Y yo escribí también un artículo que se llamaba "Los Medios Españoles se Equivocan". ¡Y me lo publicaron en el diario "El País"! (sonríe), aunque decía que los medios españoles se equivocan... En ese artículo expliqué por qué tenían que enfocarse más en el sufrimiento del pueblo argentino, la incapacidad del pueblo argentino para generar riqueza o pagar en ese momento, como para explicar el default. Es decir que trabajo con los medios y con las conferencias internacionales.

—Nació y vivió en Argentina, más de 18 años en EE.UU. y ahora vive en España, en París...

—No, sólo en EE.UU. y España. Voy a París frecuentemente, pero no vivo en París. Actualmente vivo en España.

—¿Cómo se siente con la trasculturalización?

—Bueno, yo siempre mantuve la identidad argentina. Nací en Buenos Aires, fui al colegio Castelli, al Avellaneda, fui a colegios del Estado argentino. Soy producto de la educación argentina, después hice la universidad en EE.UU. y después hice mi carrera en EE.UU., España y otros países de Europa, y tengo mi Fundación, que opera principalmente aquí y en Chile, en Latinoamérica. Pero la identidad de argentino, para bien o para mal siempre la tuve, la conservé contento de tenerla, me dio como un hilo conductor. Yo creo que hay gente que migra y corta con el pasado y hay gente que migra y lleva su pasado con dolor, porque yo me tuve que ir de la Argentina perseguido. Y con amor por las cosas lindas que pasaron, como educ.ar, yo siempre traté de hacer como un balance y una reconciliación de todos esos sentimientos. Así que yo sí creo que se puede seguir siendo argentino aunque uno esté afuera tantos años. Además vengo mucho, tengo mis amigos aquí, del Avellaneda, tengo mi mundo aquí también.


—Sin nostalgia argentina...

—No, la nostalgia está, pero venir tres veces por año y mantener contacto ayuda a no caer en una especie de Argentina imaginaria, que al final quizás nunca existió.

—¿Qué cree que fue lo que posibilitó que comenzara de muy joven y con éxito su trayectoria como empresario?

—Bueno, yo venía de un ambiente todo de profesores, mi papá era profesor de física en la universidad de Harvard, mi mamá es profesora de inglés, mi tío es profesor de Oxford, todos en mi familia son intelectuales y yo también se suponía que iba a ser un doctorado en Oxford: había hecho la solicitud y me habían aceptado. Pero mi padre murió cuando yo tenía 22 años, de un ataque al corazón, de un día para el otro, y de repente me vi con la responsabilidad de tener que mantener a mi familia, porque él no dejó ninguna herencia. Entonces fue un poco por necesidad que empecé a ser empresario, porque yo iba a estudiar Epistemología y hacer un doctorado en Epistemología. Pero fue una paradoja porque resultó que sí, que tenía mucho talento para los negocios. Y me metí en tres campos: en el inmobiliario, en la biotecnología o farmacéutica y en las telecomunicaciones e internet. Primero en el inmobiliario desde 1982 a 1986, de allí al 90, biotecnología, y desde allí hasta ahora telecomunicaciones e internet. Y descubrí que mi talento era quizás hacer un puente entre las ideas más académicas de las nuevas tecnologías y la realidad. Fui como un científico aplicado a la realidad, y entonces me fue muy bien con las empresas.
Pero siempre tuve mi lado académico y enseño hace nueve años, y mi abuela antes de morirse me hizo jurarle que haría mi doctorado, y todavía no lo hice (sonríe). Igual soy profesor y tengo dos master. En mi familia el dinero es una cosa que está bien tener, pero lo más importante en mi familia era ser doctor. Y en ese sentido les fallé, porque no soy doctor todavía. Yo creo que lo que sucedió fue una mezcla del lado académico y los negocios y que se fusionaron bien.

—A mediados de los 80 fundó su segunda empresa, Medicorp Services, de biotecnología dedicada a la investigación del sida (VIH), otro de sus muchos emprendimientos de vanguardia, ya que en aquella época no existía aún un diagnóstico de la enfermedad. ¿Cuál fue la idea motora que lo llevó a crear esa empresa? 

—Lo que pasó con ese emprendimiento fue muy interesante, porque además en la historia hay otro argentino, César Milstein, el premio Nobel que murió hace poco. Resulta que yo vivía en Nueva York y empecé a escuchar hablar de algo que llamaban “el cáncer de los homosexuales”: así lo llamaban antes de que se supiera lo que era el sida, creían que había como una epidemia de cáncer entre homosexuales. Y yo me interesé en el asunto porque me pareció una curiosidad, como algo imposible, porque primero el cáncer no es contagioso, y además pensé cómo pueden tener cáncer sólo los homosexuales. Entonces, cuando fui a pasar la Navidad en Oxford, donde mi tío, Carlos Blanco, enseña en la universidad, me presentaron a Milstein, cuyo revolucionario descubrimiento, los anticuerpos monoclonales, hizo que hoy en día se puedan diagnosticar un montón de enfermedades, incluso el sida, y que sirvió para revolucionar la industria de los diagnósticos. Yo le dije que había escuchado del “gay cáncer” y que creía que eso no podía ser y que veía una oportunidad de negocio en hacer un test de diagnóstico para ver qué era eso de lo que hablaban. Me dijo que fuera a ver a otro científico, colega suyo, el Dr. Abraham Karpas, y efectivamente lo hice. Resulta entonces que Karpas fue una de las primeras personas que hizo un test de sida, y nosotros nos transformamos en los primeros fabricantes de tests de sida del mundo y nos fue muy bien.

—Y ¿se arrepiente hoy de haber abandonado la biotecnología, una disciplina tan prometedora para el desarrollo de los países? 

—Bueno, es que no la dejé. Medicorp Services sigue ahí y yo soy dueño de parte de la empresa. Muchas de las empresas que armé, por ejemplo también la empresa inmobiliaria en Nueva York, todavía las tengo. Aunque no hice de esa empresa parte fundamental de mi vida, y si me alejé un poco de la empresa es también porque en el campo de la medicina las cosas son muy lentas, los medicamentos tardan 10 años o más entre la idea original hasta que le llegan a la gente. En internet me fascinó la rapidez. En Ya.com, desde que tuvimos la idea hasta que tuvimos dos millones de usuarios pasaron catorce meses solamente.

—¿Qué es ser un empresario de la era digital? ¿Los nuevos empresarios de la Sociedad de la Información son diferentes de los del modelo industrial?

—Yo creo que hubo un mito en eso. Efectivamente después hubo una burbuja y muchos empresarios invirtieron mucha plata y la perdieron, y mucha gente ganó mucha plata y la perdió, y mucha gente simplemente la perdió. Pero más allá de lo que se llama la burbuja de internet, sí creo que personas como Wenceslao Casares, mi amigo, son diferentes. Algunos se preguntan por qué Wenceslao es diferente. Y Wenceslao hizo una empresa –Patagon.com– a los veinticinco años, que vendió al Banco Santander por 700 millones de dólares, que es igual a todo el presupuesto de la educación argentina ahora, o mejor dicho del año pasado, ahora ya es más... Esas cosas nunca existieron antes, y no es que Patagon sea un globo que se pinchó, sino que Patagon.com es el segundo banco por internet más grande de Europa. A todo esto Wenceslao se casó, tuvo un hijo, está dando la vuelta al mundo en un catamarán y dirige otro banco por internet que tiene en Brasil, desde su barco. Y hay un sitio en el que uno puede ir a ver por dónde anda Wenceslao; ahora creo está en el medio del océano Pacífico. Entonces uno se pregunta ¿los empresarios de internet somos diferentes? Bueno, algo diferentes somos, yo lo veo. Tengo muchas historias así, aunque no quiero llenar la entrevista con eso; la historia de Wenceslao es una y la cuento también porque es argentino, pero hay otras historias similares de personas que no son argentinas. Otra, por ejemplo, es la historia de mi amigo japonés Joichi Ito, que inventó los bloggers, todo el mundo del blogging. Él tiene un blog en internet que es visto por 30.000 personas por día, más gente en el mundo ve el blog de Joichi que educ.ar.
El éxito de algunos blogs personales ha sido tan grande que cuando Joichi visita, por ejemplo, mi casa en Menorca y lo cuenta en su blog, y escribe “visité la casa de Martín en Menorca”, uno busca en Google la palabra Menorca y sale la foto de mi casa, es decir que él tiene un nivel de pageRank alto, tiene tanto poder en Google porque tiene tantos lectores que lo que sea que él haga se transforma en las respuestas top, las primeras respuestas de Google. Ellos además son dueños de la empresa que hace los blogs, de los softwares de los blogs. Hay 20.000 blogs nuevos en el mundo por día, del estilo diarios personales. Han creado una nueva idea que es la de contar tu vida por internet o las cosas que a cada uno le interesan. Han creado medios, y los periodistas dejan CNN, BBC, se van y hacen su propio blog, y ganan más que lo que ganaban siendo periodistas en CNN o la BBC. Y además han logrado ser dueños de la empresa que vende el software y han ganado mucha plata. Es decir que gente como Wenceslao que tiene veintipico, o Joichi, que tiene cuarentaipico, para mí son otro tipo de gente y no sólo por la edad sino que piensan diferente. Yo sigo defendiendo que los empresarios de internet somos diferentes, aunque hay gente que dice que “en verdad todos viven de lo mismo y si uno no gana plata no vive”. Yo digo: sí, es verdad, los empresarios de internet no probaron que había una nueva manera de imprimir plata, porque o la ganás o te fundís, pero sí que su manera de hacer negocios es diferente.


Fecha: Junio de 2004