27042005Roberto Jacoby es artista y sociólogo. Formó parte de la «generación del Di Tella» y es considerado uno de los primeros artistas conceptuales del mundo y un personaje revulsivo dentro del arte local. Participó en muestras como Experiencias 68 y Tucumán Arde. Investigó conflictos sociales y temas de epistemología, y escribió para el grupo Virus que inauguró una nueva etapa en el rock argentino en los ochenta.
Prácticamente toda su producción desde los años sesenta, han sido acciones, pensadas para intervenir en el circuito de la comunicación. Hoy las comunidades on line es uno de sus campos de conexión simbólica: actual promotor del Proyecto Venus, una microsociedad experimental de intercambio de artistas y no artistas que utilizan la tecnología como herramienta de comunicación y creación colaborativa; concept manager de la revista de artes visuales Ramona (2000); director de Fundación Start (sociedad, tecnología, arte) y coordinador del área Sociedades Experimentales, del Centro Cultural Rojas.
«Los proyectos más recientes como Ramona o Venus tratan de potenciar fuerzas creativas o productivas que ya existen. Las redes sociales pueden ser puestas de manifiesto, estimuladas y articuladas. Pero no se inventan desde la nada. Tanto Ramona como Venus se desarrollaron a partir de personas y grupos existentes dotados de gran intensidad y riqueza. Al mismo tiempo, las nuevas tecnologías ampliaron su alcance y accesibilidad hasta niveles mucho mayores, pero no hay tecnología más fabulosa que las personas, su cerebro, sus manos, su cuerpo, sus relaciones», dice.


Por Verónica Castro

—Su perfil vanguardista se advierte en la escena pública en el Di Tella de la primera mitad de los sesenta, con los happenings y sus contrahappenings. ¿Con qué identificaría hoy lo que proponía la experiencia del contrahappennig?


—En la actualidad podría teorizarse desde distintos ángulos sobre esas experiencias: alguien quizás podría referirse a la tesis de Eliseo Verón (con quien estuvimos muy próximos en aquel tiempo) acerca de «la construcción de la realidad por los medios masivos»; otros hablarían de «deconstrucción» de los procesos de la institución «arte»; otros, como Bourriaud, tal vez dirían que se trata de «post producciones», obras que utilizan como material otras producciones, arte que remixa el arte, como los DJ.

»Otros podrían hacer lecturas políticas y mencionar el detournement situacionista. Para nosotros formaban parte de la desmaterialización de los procesos de producción, distribución, comunicación, etcétera.

»Espero que haya muchas otras virtualidades todavía ocultas en aquellas actividades, porque creo que la vitalidad de una propuesta artística reside en la multiplicidad de vías que abre al pensamiento. Ojalá esas acciones que en la época solían considerarse absurdas, frívolas o idiotas retuvieran una reserva de sentido inagotable, pero francamente dudo que se las pueda seguir ordeñando mucho más, de modo que ansío que vayan a ocupar su lugar en los libros de historia, los programas de estudio y los museos y dejen espacio para otras cosas.

—En 1980 comenzó a actuar con el grupo Virus, en el que —además de escribir muchas de sus letras, en las que se refleja un uso muy particular del lenguaje— generó, junto a otros artistas, un nuevo concepto dentro del ámbito del rock de la época, algo que Ud. denomina «estrategia de la alegría». ¿Qué hay detrás de ese concepto?

—La «estrategia de la alegría» es algo que el Indio Solari llamó con gran precisión la «preservación del estadio de ánimo» y que consideraba como un objetivo político importante o como «su» objetivo político.

»Nunca sé si debo jactarme de mi «vanguardismo» o lamentarlo, porque siempre vuelve muy difícil todo lo que hago, aunque a la larga suele demostrarse que no estaba equivocado.

»En los ochenta como en los sesenta y aun ahora se nos criticó por considerarnos frívolos y apolíticos. Hoy Toni Negri se declara abiertamente partidario de la alegría (en clave spinoziana), que se ha vuelto legítima.

»De paso cito a Negri: «Las pasiones positivas son las que construyen comunidad, que liberan relaciones, que crean alegría. Y esto está completamente determinado por la capacidad para atrapar el movimiento del tiempo y traducirlo a un proceso ético, en otras palabras, a un proceso de construcción de alegría personal, de comunidad y el libre disfrute del amor divino».

—A esto le siguió el Darkroom y otros proyectos hoy en marcha fructífera, como la revista de arte Ramona, el Proyecto Venus, la Fundación Start, donde se evidencia que su trabajo se centra básicamente en la explotación de los medios de comunicación, de sacarles el jugo y hacerlos propios. ¿Cómo fue evolucionando su relación con los medios de comunicación?

—Si uno mira mi relación personal con los medios masivos y la compara con otros casos podrá comprobar que no ha sido ninguna maravilla. Si bien me he ganado la vida investigando medios y diseñando estrategias comunicacionales y tengo un considerable reconocimiento en ese campo, tal como suele sucederle a muchos especialistas el conocimiento no ha servido mucho para mi propia imagen o mis proyectos.

»Mis primeras producciones se basaban en la idea de que la materialidad de los medios, de la ciudad, de las relaciones sociales en general, era susceptible de ser utilizada para fines artísticos. Esto es algo completamente obvio en la actualidad y lo practican cientos de artistas en todo el mundo.

»Para mí es un punto de partida. Una de las cosas que intenté desde Virus en adelante ha sido desarrollar medios hasta cierto punto autónomos, ya sea a través de «movidas» como las fiestas nómades en espacios no convencionales, a través de espacios publicitarios o de ropa apropiados por el arte. O como en el caso de ramona o Proyecto Venus, impulsando la formación de redes donde el medio, el emisor y el receptor se configuran en un mismo proceso.

—La mayoría de sus proyectos se encadenan, se suman. Por ejemplo, el Proyecto Venus, un espacio que se convirtió en una bola de nieve de intercambio de artistas, profesionales, intelectuales, que utilizan la tecnología como herramienta de comunicación y promoción de la creación colaborativa de conocimientos y talentos, algo que Ud. denomina «tecnología de la amistad». De la «estrategia de la alegría» a la «tecnología de la amistad», ¿qué nos dice este pasaje acerca de los cambios sociales?

—Tal vez la estrategia de la alegría era una respuesta, una resistencia a la depresión y desánimo y miedo generados por los campos de concentración y el genocidio. Era reactiva. Los proyectos más recientes como ramona o Venus tratan de potenciar fuerzas creativas o productivas que ya tienen entidad, que ya existen. Las redes sociales pueden ser puestas de manifiesto, estimuladas y articuladas. Pero no se inventan desde la nada. Tanto Ramona como Venus se desarrollaron a partir de personas y grupos existentes dotados de gran intensidad y riqueza. Al mismo tiempo los medios ampliaron su alcance y accesibilidad hasta niveles mucho mayores.

—¿Qué tipo de tecnologías utilizan en el Proyecto Venus y cómo?

—Fuera de la «tecnología de la amistad», nada que no se consiga en galería Jardín o en la web. Uno de los pocos principios de Venus es no complicar las cosas, usar lo que está disponible, hacerlo en el momento en que a uno se le ocurre y no esperar grandes resultados ni apoyos. Haz lo que quieras cuando quieras con lo que tengas a mano. No hay tecnología más fabulosa que las personas, su cerebro, sus manos, su cuerpo, sus relaciones.

»Con esto no estoy negando la importancia del correo electrónico o el Dreamweaver, la fotografía o el video digital, el teléfono, sin los cuales todo esto hubiera sido imposible o dificilísimo. Quiero decir que pueden estar todos esos medios, pero si no aparece cierto tipo de relaciones entre las personas todos esos medios no alcanzan para producir ramona, Venus, Wikipedia o Etoy.

—El Proyecto Venus tiene su propia moneda: la moneda Venus. ¿Qué tipo de transacciones hacen, cómo funciona concretamente esta moneda, cuáles son sus beneficios? ¿Cómo se sustenta Venus?

—Para participar del proyecto es necesario ofrecer un bien o un servicio en moneda Venus. Es la principal condición que representa la disposición a entrar en un intercambio con otros y hacerlo en términos que no son los del mercado convencional, sino de un mercado inventado libremente por un grupo de personas. Se compra y se vende cualquier cosa (no ilegal). La venta de mayor magnitud se publicó hace unas semanas. El pintor Pablo Siquier, que expondrá en el Reina Sofía de Madrid en unos meses, vendió un pequeño cuadro suyo valuado en 1000 dólares en 1000 venus. La feliz propietaria no tenía esa cifra (y nadie la tiene porque la emisión total de venus ronda los 13 o 14.000); tuvo que salir a buscar lo que le faltaba y comerciar sus servicios de relacionista pública con un venusino que había perdido el trabajo: ella envió el currículo de este venusino a una serie de empresas.

»Ahora nos gustaría utilizar la web para poder abrir cuentas virtuales en Venus, pero todavía no encontramos ningún soft de fuente abierta que sea utilizable para eso.

»Venus se sustenta principalmente en voluntarios, en su propios sistema de intercambios y es apoyada por la Fundación Start (sociedad, tecnología, arte).

»También estamos desarrollando una incubadora de servicios para empresas y proyectos vinculados a la tecnocultura, la creatividad y las nuevas tendencias.

—Habiendo sido muy temprana su relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, y siendo las comunidades en línea uno de sus campos presentes de conexión simbólica, ¿podría hablarnos brevemente de las modificaciones que trae aparejada la tecnocultura?

—Yo soy más bien un empírico, un creativo en el mejor de los casos. No me siento capacitado para la teoría y hay expertos mucho más calificados que yo. Es evidente que la tecnocultura produce cambios enormes en la extensión y en la articulación de funciones y capacidades. Los delirios de McLuhan se concretaron mucho más allá de lo que el canadiense podría haber soñado; la fusión de todos los medios se produce día a día, las transformaciones son patentes en la vida social, política, sexual.

»Por ejemplo, los weblogs, fotologs, chats y foros muestran infinidad de subculturas y relaciones de diversa índole operando con una velocidad de contagio impresionante. Los fenómenos comunicacionales que están sucediendo son mucho más veloces que nuestra capacidad de comprensión.

—Hace un año que coordina el área de Sociedades Experimentales, en el Rojas. ¿Cómo surge la idea, en qué consiste concretamente?


—Con el área Sociedades Experimentales me propuse abrir un ámbito político-teórico para abordar las cuestiones planteadas por el surgimiento de nuevas y antiguas formas asociativas, como las cooperativas de producción y consumo, los clubes de trueque y, a partir de la difusión de las tecnologías informáticas (como las comunidades en línea), el fenómeno de los colectivos de artistas que realizan su obra en colaboración entre sí y con no artistas, las agrupaciones activistas, etcétera.

»Planteé un espacio abierto inspirado en el teórico Hakim Bey, la Zona Autónoma Temporaria, donde una vez por mes, durante cuatro horas se elaboraron distintos tópicos con participación de toda la audiencia.

»El cómo es más importante que el qué. El experimento terminó orientándose hacia las formas de conversación, de imaginación y de decisión, pero con las agrupaciones activistas o de producción no hubo demasiados contactos.

—¿Qué nuevas oportunidades surgen a partir de insertar el proyecto en un área de extensión universitaria de la UBA?


—Se produjo cierta apertura hacia personas que no estaban en contacto con las actividades del Proyecto Venus o la Fundación Start. Esperamos que también se publiquen los resultados de las Jornadas Fourier y de las ZAT, porque los textos en línea son muy buenos para la consulta pero no tanto para la lectura.

»Sin embargo, no tuvimos la capacidad para atraer en forma permanente y autosostenida a gente de distintas carreras y orientaciones.

»Desde otro punto de vista, existe un sobredimensionamiento imaginario de las instituciones “importantes”. Es muy gracioso pero ni en las oficinas de la Secretaría de Cultura de la Ciudad ni en el Rojas ni en Sociales, ni en las fundaciones que dicen dedicarse a la tecnología y el arte tienen una red de computadoras y equipos de personas dispuestas a la experimentación cultural como la que hay en la Fundación Start. Claro que tienen mucho más prestigio y status institucional, pero nosotros, que somos simplemente un grupo de artistas y voluntarios, con menos de lo que gana un funcionario por mes hemos hecho muchísimo.

—Siempre se lo ha caracterizado como alguien cuyas ideas concitan mayoritariamente la atención de los jóvenes. ¿Por qué?


—A mí me interesa más lo que hacen las nuevas generaciones, me producen mucha admiración.


Fecha: Abril de 2005