29102008

Gemma Lluch es una reconocida catedrática española. Es profesora titular del Departamento de Filología Catalana, de la Facultad de Filología de la Universidad de Valencia. En 1997 obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado con su tesis «La literatura infantil i juvenil en català. El lector model en la narrativa», y fue también distiguida por la Associació d'Escriptors en Llengua Catalana en 1999 por su libro El lector model en la literatura per a joves.

Lleva varios años analizando la influencia de los cuentos de la tradición oral y popular sobre los modos de narrar de la literatura infantil y juvenil contemporánea y considera que además han marcado buena parte de las grandes producciones de la industria cinematográfica, los programas de TV, etcétera. 

Gemma Lluch centra sus investigaciones en temas como la formación literaria, particularmente la de los adolescentes del siglo XXI, y asuntos controvertidos como la cultura globalizada, los proyectos editoriales destinados al consumo masivo, las estrategias de marketing para captar jóvenes lectores y los desafíos que hoy afrontan los autores de literatura infantil y juvenil ante los nuevos modos de leer de los niños y los adolescentes.

—¿Su próximo viaje a Buenos Aires será el primero que hace a la Argentina?

—No. En el 2000 hice un viaje a Islandia para caminar por aquellas tierras áridas y extrañas. Unos compañeros hablaban de las maravillas de Calafate y Ushuaia y desde entonces visitarlos era un sueño. Este año, aprovechando una invitación de amigos porteños, lo hice durante las vacaciones de verano y fue una «experiencia religiosa». Además, pasé más de 20 días en Buenos Aires con buenos amigos y la ciudad me ha encantado. Lo que más me gustó: sus gentes, la manera como viven la ciudad, cómo se relacionan, cómo te acogen… Los cafés…, y no solo las mesas que permiten la charla y la amistad, el contacto con nuevos amigos, el dejar pasar las horas con buena conversación, sino la calidad del servicio ¡de los mejores camareros del mundo! Las librerías, donde perderse es uno de los mejores placeres intelectuales. Cualquier librería que encuentras mientras paseas guarda un secreto. ¿Y el teatro? Nos aconsejaron algunas representaciones y la calidad de los actores, de los montajes, de los locales… ¿Y la música? La Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires, dirigida por Néstor Marconi, excelente. Los museos, las pizzas, los helados, las compras… Ah, y la milonga: nos llevaron a un local estupendo donde mirar y escuchar se transformó en un placer que no dejaba sitio ni a la conversación. Me dio tiempo de visitar la Feria del Libro Infantil y Juvenil. Fue un placer visitar los stands y ver la cantidad de familias que disfrutaban de las actividades. Me gustó mucho todo y es un privilegio poder volver ahora.

—¿Qué expectativas tiene con respecto a este encuentro con especialistas y docentes de nuestro país?

—Muchas. Primero, porque todo el contacto virtual con los organizadores ha sido excelente. Segundo, porque tuve la oportunidad de conocer a Laura Escudero en Cuenca (España) y a Carlos Silveyra, en Buenos Aires, ambos del comité científico, y ya empezamos a hablar del encuentro. Fue una primera aproximación en la que conocí mejor todo el trabajo que están realizando. Además, según los organizadores, vamos a encontrarnos con mediadores de organizaciones comunitarias, docentes, bibliotecarios, especialistas, representantes de organizaciones que se dedican a la promoción de la literatura infantil y juvenil y la lectura, etcétera. Valoro mucho los encuentros que permiten el contacto con personas que trabajan la lectura en diferentes contextos, desde diferentes miradas y con diferentes objetivos.

»Creo que a veces, cuando se habla de «lectura», se infiere que es una palabra de un único significado, y nada más lejano de la realidad. La acción «leer» forma parte de diferentes disciplinas donde creo que entran desde los gestores culturales hasta los economistas de la cultura, desde los mediadores hasta los políticos, desde los autores hasta los diseñadores gráficos, desde los abuelos hasta los bebés.

»Leer es un proyecto social común donde todas las voces aportan nuevas miradas. Por eso, participar en un foro como este es un privilegio que te permite escuchar a personas con las que la cotidianidad no nos pone en contacto. Solo espero poder aprovechar bien el tiempo y aprender mucho.

—Usted ha visitado varias veces otros países latinoamericanos. ¿Cómo fue la experiencia de trabajo?

—Sí, lo vengo haciendo desde el 2000, y a Bogotá, por ejemplo, creo que ya he ido nueve veces. Conozco sobre todo Colombia, donde trabajo bastante, y destacaría los dos proyectos de investigación a los que me dedico. El primero en Fundalectura, donde María Cristina Rincón, Janeth Chaparro, Claudia Rodríguez, Andrea Victorino y yo misma formamos un equipo para investigar el trabajo que realizan los comités de valoración de libros que funcionan en Fundalectura. Coordino desde noviembre de 2006 y hasta noviembre de 2008 la investigación «Comités que valoran y recomiendan libros para niños y jóvenes. Una investigación sobre la experiencia de la Fundación para el Fomento de la Lectura, Fundalectura». La investigación recapitula el trabajo realizado por los comités de valoración de libros que funcionan en la institución desde 1990. El resultado de una larga investigación de dos años saldrá a la luz en breve en forma de libro, con el título «Cómo reconocer los buenos libros para niños y jóvenes. Los comités que valoran y recomiendan libros. Una investigación sobre la experiencia de Fundación para el Fomento de la Lectura», que será publicado por Fundalectura.

»El segundo depende del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), y se titula «Lectoescritura y desarrollo en la sociedad de la información». Está dirigido por Jesús Martín-Barbero y coordinado por Roxana Morduchowicz y yo. Se trata de una investigación-acción que se concentrará en detectar experiencias significativas en Iberoamérica que se caractericen por los distintos usos de la palabra y por componentes de inclusión social, participación ciudadana, creatividad cultural e interculturalidad.

»Ambos proyectos son una gran experiencia: rica y gratificante, además de permitirme trabajar con equipos de personas que aportan formas de trabajar serias, plurales y sólidas.

»Desde mi primer viaje me sorprendió la implicación de buena parte de la sociedad, la cantidad de actos que se organizan, los programas variados de promoción de la lectura que implican a toda la sociedad o el entusiasmo y las ganas que ponen todos los agentes involucrados.

»En el campo de la investigación, que es al que me dedico, es muy enriquecedor el enfoque que se da a la lectura y el libro desde muchos organismos de Latinoamérica. Se hace desde visiones muy plurales y respetuosas; sobre todo en el caso de los adolescentes, que es el campo en el que más trabajo. Discursos como el del mismo Jesús Martín-Barbero son un buen ejemplo.

»Por otra parte, entidades como la misma Fundalectura en Colombia, el Banco del Libro en Venezuela o el Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil (Cedilij) en la Argentina, tienen un largo trabajo a sus espadas. En un nivel más macro, se podría mencionar el trabajo que realiza el Centro Regional para el Fomento del Libro en América latina y el Caribe (CERLALC) o programas como Escuela y Medios, del Ministerio de Educación de la Argentina, francamente me impresionan y los admiro. Todos ellos son buenos ejemplos de la larga y seria trayectoria del trabajo realizado hasta la fecha.

—¿Ya conocía a nuestros autores e ilustradores de literatura infantil y juvenil?

—Trabajar con la editorial Norma me ha permitido conocer su fondo editorial. De hecho, ahí leí y trabajé con los bibliotecarios colombianos la buena trilogía de la argentina Liliana Bodoc, La saga de los confines. También la investigación realizada en estos dos años en Fundalectura me ha obligado a leer, analizar y compartir lecturas con los comités y reconocer la buena salud de la literatura y las propuestas diversas que se realizan. Por otra parte, las editoriales españolas ya hace tiempo que apuestan por los autores de aquí y con buenos resultados. Aunque creo que es necesario todavía un flujo mayor porque buenas propuestas editoriales latinoamericanas todavía no pueden encontrarse en España. En el 2009, el Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (CEPLI) publicará Al otro lado del Atlántico, una guía donde se ofrecen 75 libros de diferentes autores latinoamericanos infantiles y juveniles; la particularidad es que son libros que se pueden encontrar en España: se ha trabajado a partir de la labor de los comités de valoración de libros de Fundalectura y del de la misma institución.

—En su libro Cómo analizamos relatos infantiles y juveniles, usted estudia y advierte sobre las características y la ideología de relatos a los que llama paraliteratura, que fomentan el enganche consumista y masivo alrededor del todo el mundo. Sin embargo, propone no condenar estos productos de la cultura global, sino ayudar a los chicos a desarrollar un aparato que les permita analizarlos críticamente. ¿Cómo desarrollar el pensamiento crítico ante una maquinaria tan sutil como poderosa, que genera mecanismos adictivos en los chicos?

—De la colección Pesadillas, de R. L. Stine (Ediciones B, 2000) a muchos de los libros que se leen en la actualidad hay notables diferencias. De hecho, ese trabajo se ha ampliado en «Mecanismos de adicción en la literatura juvenil» (Anuario de Investigación en Literatura Infantil y Juvenil. Vigo: Universidad de Vigo, Vol.: 3, 2005), donde analizamos los libros dirigidos a un público de 11 a 18 años más vendidos en las listas españolas desde 2000 hasta 2008.

»Más tarde, en el trabajo coordinado por Pedro Cerrillo «La literatura juvenil y otras narrativas periféricas», publicado en Literatura infantil: nuevas lecturas, nuevos lectores (Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2007), comparamos los resultados anteriores con el análisis de los libros más vendidos para adultos y las series de televisión más vistas durante el mismo período. Y los puntos de contacto eran notables.

»Una de las sorpresas fue que los grados de complejidad de los libros analizados eran diferentes, igual que el tipo de mecanismos que se utilizan para enganchar al lector: iban desde campañas de acercamiento del libro al lector hasta, por ejemplo, el ritmo narrativo. En principio, tengo mucho respeto por las campañas que han realizado algunas editoriales y que han conseguido llegar al lector directamente haciéndoles leer fuera de la escuela, o participar en foros de internet y escribir o realizar pequeños montajes audiovisuales que han colgado en internet. Son libros con propuestas muy diferentes que han llevado a la lectura a chicos que antes no leían.

»Creo que el hecho de que un chico gaste libremente su dinero en libros, gaste su tiempo hablando de libros en internet o vaya a presentaciones de libros como si fuera a recitales de música es un cambio muy importante. Al menos en España. Hay que ir y ver el entusiasmo que tienen y la pasión que ponen, o entrar en los foros y ver el tipo de conversaciones que cruzan y los temas que tratan.

»Otra cosa bien diferente es qué hace el mediador con estos libros. Qué hace el docente. Ese es otro tema y otra discusión. Llevo ocho años leyendo y analizando estos libros, comparando sus características primero con el cine y luego con las series de televisión y, francamente, hay propuestas muy interesantes. Y los puntos de contacto son más cercanos de lo que parecen. Por ejemplo, cuando se estrena y triunfa Matrix, allá en 1999, desarrollamos una actividad con profesores: se trataba de aprovechar el conocimiento que los estudiantes tenían de películas como Matrix para acercarlos a La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Los puntos de contacto eran muchos más de los que puede parecer a simple vista. Publicamos la propuesta en castellano en «De la televisión y el cine a la lectura», (incluido en La lectura visible. Gradúa tu lectura. I Congreso de Literatura infantil y Juvenil. Madrid: Edelvives, 2005).

»El problema es que los ritmos son muy rápidos y ese tiempo ya pasó. Ahora es la televisión la que manda. Les recomiendo la entrevista a Concepción Cascajosa; sus trabajos me han resultado de mucha ayuda. En la entrevista, habla de la complejidad de las nuevas series de televisión, hecho que vemos en algunos libros para chicos. De hecho, el último trabajo, que saldrá en diciembre en la revista CLIJ, lleva por título «Un nuevo lector juvenil: de Lost a Harry Potter, pasando por los foros y el YouTube». Allí analizamos cómo los cambios narrativos que aportan series como Lost también los encontramos en, por ejemplo, las últimas entregas de Harry Potter. Creo que es importante conocer todo esto y usarlo porque, si no, el abismo con la cultura de los chicos se hace enorme.

—Usted ha investigado sobre la influencia que han ejercido las adaptaciones cinematográficas de Walt Disney de los cuentos clásicos en las actuales reescrituras y en el imaginario actual. ¿Cómo afectan los modos de narrar del cine de Disney sobre la producción literaria actual?

—Los primeros globalizadores fueron Perrault y los hermanos Grimm, que formalizaron las primeras versiones canónicas de los cuentos tradicionales. Pero hicieron mucho más, porque el acto de transcripción es a la vez creativo y destructivo. Las historias que formaban parte de la oralidad y de una cultura reducida y próxima entraron a formar parte de la escritura y, con ella, de una literatura, de una cultura y de una civilización que habían crecido paralelamente. Las historias narradas eran diversas y contadas a públicos diferentes, pero cuando empezaron a interesar a un público letrado se decidió que muchas de esas narraciones no podían pasar a la letra impresa. En este caso, escritura y filtro ideológico funcionan como sinónimos.

»En general, al pasar al papel escrito, la que se formaliza es una versión, y solamente una es la que conoce el auditorio, pero además el tipo de comunicación literaria cambia radicalmente porque se produce un paso a la lectura privada y se excluye al público que no sabía leer. Como consecuencia, se produce un cambio de clase social y un cambio de ideología, de forma de ver el mundo, porque los numerosos narradores son sustituidos por escritores con unas cualidades compartidas: ser adultos, hombres y de una clase social determinada diferente de la que crea las historias en la etapa oral.

»En este proceso de empobrecimiento, ha jugado un papel fundamental Walt Disney. A menudo, la escuela lo ha ignorado, pero es necesario dedicar un espacio a educar la mirada del niño o del adolescente que se enfrentan a los relatos audiovisuales. Porque mientras muchos adultos dedicados a la enseñanza lo rechazaban, los niños lo aceptaron hasta el punto de que ha conformado una parte importante de su imaginario. Sin olvidar que muchas de las reescrituras actuales comparten la característica de renunciar tanto a la tradición oral propia como a la tradición literaria, es decir, cuando uno de los autores escoge una versión para reescribirla, suele olvidar las múltiples opciones que el patrimonio de cada pueblo ha tejido a lo largo de los siglos y obvia la tradición literaria escrita desde Giambatiste Basile, Wilheim y Jacob Grimm, Aurelio Espinosa, Joan Amades, Enric Valor, Charles Perrault y tantos otros.

»Creo que es importante recordar que las narraciones de tradición oral han formado parte de una cultura que ha vivido en paralelo a la de la literatura legitimada. Una cultura que, al llegar el siglo XIX, incluyó la paraliteratura (1) publicada en forma de folletín en los diarios de la época, como una nueva manera de ocio que llenaba las horas de entretenimiento, sobre todo de las clases sociales más populares. Paraliteratura y narrativa oral no solo comparten características discursivas y público, sino también una manera de comunicarse, puesto que la primera a menudo era leída en voz alta para aquellos que no sabían leer. Cuando llegamos a mediados del siglo XX, de nuevo le surge un competidor que, a pesar de no ser literario, sí que asume un esquema narrativo: los films y los seriales televisivos. Es sorprendente ver cómo Walt Disney triunfa con adaptaciones cinematográficas de fábulas maravillosas o cómo diferentes adaptaciones de «La Cenicienta», como Pretty Woman (Garry Marshall, 1990) o Por siempre jamás o Ever After (Andy Tennant, 1998) no dejan de reponerse o cómo los grandes narradores del cine más popular, como Georges Lucas, triunfan con la saga de Star Wars y recurren a motivos y personajes omnipresentes en la narrativa oral. Todos ellos utilizan esquemas universales que transportan al espectador a mundos ya vistos, vividos, y que le hacen sentir reconfortados.

—Muchas propuestas editoriales difícilmente se piensan para espacios de lectura (y consumo) diferentes de la escuela. ¿Cuál es el panorama en España? ¿Existen espacios de circulación de libros por fuera de las aulas? ¿Cuáles destacaría?

—Esos espacios —de una manera más general— se han iniciado hace muy poco. Creo que el cambio lo originó la trilogía, principalmente Las memorias de Idhun, de Laura Gallego, su foro y la campaña de lanzamiento realizada por SM. Estas propuestas se han multiplicado y han abierto canales nuevos que llevan al libro fuera del circuito escolar. Pero todavía falta mucho: internet es un medio lleno de lectores y vacío de libros, y hay que ver cómo lo llenamos.

—En una videoentrevista, que volvió a circular recientemente a raíz de su fallecimiento, Ana Pelegrín se permitía dudar acerca de si hoy en día existe un consenso social genuino sobre la necesidad de tener pensamiento y palabra. En el siglo XXI, enseñar a leer y a pensar ¿sigue teniendo sentido?

—Más que nunca. Claro que sí. Nunca debemos dudar de esto. Si no nos hubieran enseñado a nosotros a leer y a pensar, ¿podríamos tener esta conversación? No podemos privar a las nuevas generaciones de este placer que nos da buena vida, que se puede lograr solo o acompañado, que es barato, que te hace reír y llorar, etcétera.

»Justamente, porque leemos y pensamos sabemos que la vida, la historia de nuestras vidas, es un fluir continuo de cambio y de renovación, pero siempre desde el conocimiento del pasado. Y todo eso requiere lecturas y requiere pensamiento. Y eso requiere tiempo. Tiempo para intercambiar ideas y nuevas lecturas, tiempo para proyectar el futuro, tiempo para escuchar lo que dicen otros, tiempo para construir los propios discursos y compartirlos, discutirlos con otros. Y paciencia para ser conscientes que los cambios son lentos: pura lluvia fina que no eres consciente de que cae, pero que con el paso del tiempo descubres que te ha mojado. Creo que como mediadores e investigadores esto es lo que necesitamos. Porque los consensos sociales los podemos iniciar o proponer nosotros, por eso son importantes estos encuentros.

»Pero no hay duda de que, en el siglo XXI, enseñar a leer y a pensar tiene sentido: es propio del ser humano. Creo que leer, pensar y sentir son los pilares de una buena vida. Y cuando hablo de leer lo hago en el sentido más plural del verbo.

Notas

(1) Gemma Lluch toma el término paraliteratura del francés; proviene de la investigación de los libros del XIX. Ella lo utiliza siguiendo a los investigadores franceses, tal como puede leerse en: «Literatura juvenil y otras narrativas periféricas».


Para seguir leyendo artículos de Gemma Lluch

¿Cuál es el secreto de las "pesadillas" de R. L. Stine?, por Gemma Lluch. En: Educación y biblioteca, n.º 113 (2000), p. 50-52

Jóvenes adictos a la lectura, por Gemma Lluch. En: CLIJ, n.º 200 (2007), p.26-36.

Lectura y literatura infantil y juvenil en la sociedad globalizada, por Gemma Lluch y Pablo Barrena. En: 15º Jornadas de Bibliotecas Infantiles, juveniles y escolares. Salamanca: Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2007.

Mecanismos de adicción en la literatura juvenil comercial, por Gemma Lluch. En: Anuario de Investigación en Literatura Infantil y Juvenil, n.º 3, p. 135-156. Vigo: Universidad de Vigo, 2005.

Narración infantil globalizada, por Gemma Lluch. En: CLIJ, n.º 152 (2002), p. 44-54.

Una propuesta de análisis para la LIJ, por Gemma Lluch. En: CLIJ, n.º 166 (2003), p. 33-40.


Para leer más sobre estos temas

¡Alohomora! ...O de las puertas que abrió Rowling, por Gabriela Monzón. En: Piezas de a ocho: Blog de una profesora argentina de lengua y literatura, dedicado en gran parte a la literatura fantástica destinada a particularmente a los jóvenes, escrita por autores como J. K. Rowling, Stephenie Meyer, Philip Pullman, Cornelia Funke, Eoin Colfer, etc.

¿Cómo se forma un lector?, por Beatriz Sarlo. En: Clarín, 12-06-2005.

El emperador está desnudo: Panorama crítico de la literatura infantil, por Gustavo Puerta Leisse. En: El cultural, 20-12-2007.

La generación multimedia. Significados, consumos y prácticas culturales de los jóvenes, por Roxana Morduchowicz. Buenos Aires: Paidós, 2008.

Laura Gallego: "Escribir no es cosa de talento; se aprende con la práctica", por Pepa García. En: Laverdad.es, 28-09-08.

Lectores, espectadores e internautas. Fragmento en video de la Conferencia de Néstor García Canclini.

Lecturas escolares, por Beatriz Sarlo. En: Clarín, 13-03-2005.

Video-Entrevista a Jesús Martín-Barbero sobre el consumo cultural de los jóvenes.

Videoentrevista a Laura Gallego García. En el programa de televisión La mirada crítica.

Video-Entrevista a R. L. Stine, autor de Pesadillas y de la Serie Escalofríos (en inglés)