Un proyecto entrerriano apuesta a aprender, enseñar y crecer con la Geometría

Una escuela primaria y una secundaria técnica de Seguí, provincia de Entre Ríos, son el escenario del proyecto «Trazados geométricos en la Educación Primaria». Esta experiencia, ganadora del 4.° lugar en el Premio Maestros Argentinos, fomenta la enseñanza y el aprendizaje de la geometría sobre la base de la articulación y al crecimiento conjunto.
Por: Alejo Prudkin - 15/11/2016

El proyecto nació en 2012, bajo el nombre «Yo quiero crecer», como resultado de una propuesta interdisciplinar entre dos docentes de la Escuela de Educación Técnica N.° 68 Profesor Facundo Arce: el profesor de Dibujo Técnico Ernesto Kaumann y la profesora de Matemática Celia Presa.

La experiencia propone que los estudiantes de 4.° y 5.° año de la escuela técnica diseñen y construyan recursos didácticos como geoplanos, rompecabezas, tramas de puntos y escuadras de cartulina para ser utilizados en talleres y actividades didácticas destinadas a alumnos de 6.° grado de la escuela primaria. Eso no es todo: los estudiantes de secundaria también asumen el rol de tutores de sus pares más jóvenes de la Escuela Primaria N.° 61 Facundo Zuviría.

Kaumann y Presa apostaron a una articulación significativa —y necesaria— entre la educación primaria y secundaria, con algunos objetivos claros: revalorizar las cualidades pedagógicas de la Geometría (muchas veces relegada por la Aritmética en la escuela primaria); incentivar la producción de materiales didácticos y la capacidad de enseñanza de los propios estudiantes, y promover la producción del «saber en acción». Así, hicieron crecer el proyecto con el compromiso de los directivos, y sumaron más docentes y estudiantes al proyecto.

Chicos y chicas trabajando con figuras geométricas

Cortesía de Celia Presa

«El desafío más importante fue reinventarse, proponer actividades diferentes, dinámicas e interactivas que los interpele desde lo lúdico. Esto, sin dejar de sostener el propósito principal de establecer puentes que garanticen la continuidad de los estudiantes a fin de que permanezcan en el sistema, en un “estar con sentido”. Es decir, que estén y que aprendan desde una propuesta situada, contextualizada, que mire con alteridad», explica Presa.

Aparte de la de Kaumann y Presa, en 2016 el proyecto cuenta con la participación de una asesora pedagógica, de dos maestras de 6.° grado de Primaria (encargadas de la logística de los talleres y de seguir trabajando en las clases), de una profesora de 1.° año de Secundaria, de los directivos de ambas escuelas y de más de 100 estudiantes de ambos niveles educativos.

Docente mostrando un ejercicio en un pizarrón

Cortesía de Celia Presa

El dato: desde la creación del proyecto, más de 500 estudiantes participaron como tutores o destinatarios. De hecho, los primeros tutores se recibieron y egresaron del secundario, y quienes fueron los primeros destinatarios de taller en primaria hoy ya cumplen el rol de tutores.

Sostiene Presa: «Los estudiantes de secundaria sienten que pueden transmitir, transferir y reinventar lo que saben. Lo viven como una oportunidad de brindar una experiencia que ellos, en su momento, no tuvieron. Los estudiantes de primaria se sienten interpelados y motivados. Cada visita es como una sorpresa que esperan con entusiasmo. Incluso sienten que el paso a la escuela técnica no es tan difícil porque ya están familiarizados y quieren continuar siendo parte de esta experiencia desde otro lugar. Algo que no es menor cuando la intención principal es abogar por su derecho a la educación».

«La experiencia me pareció buena», opina un estudiante de secundaria, «así se conoce lo que se enseña y los beneficios de la escuela técnica. Ojalá siga y participen otros porque está genial integrarse».

Chicos trabajando con computadoras

Cortesía de Celia Presa

«Siento que en esta profesión hay que insistir, remar y confiar. Los chicos se lo merecen. Se merecen respeto y que se los piense como personas exitosas, haciendo lo que les gusta y les da felicidad. Y eso va más allá de una carrera. Pensar a nuestros jóvenes es una obligación de la familia, de la escuela y de la sociedad. Porque cuando uno mira a los ojos tiene que mirar mucho más lejos y confiar en que todos podemos crecer. Las oportunidades no se niegan ni se avasallan, se crean», concluye Presa.

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