Memorias de un provinciano, de Carlos Mastronardi (fragmento)
La nueva generación reaccionaba contra los hábitos y gustos del Modernismo, pero su actitud era menos una empresa voluntaria que una necesidad histórica. La oficina de la revista Martín Fierro no estaba en las afueras, pero el manejo literario de motivos nacionales, ya se tratase de área urbana, del suburbio o del campo, tenía cabida en sus páginas. Escritores tan identificados con el pueblo como Roberto Arlt y Roberto Mariani conocieron ese local y alternaron con los llamados “martinfierristas”. El paso del tiempo borra las circunstancias lejanas y convierte el ayer en una sucesión de esquemas inflexibles. El hecho de que la sede de la revista estuviera a pocos metros de la calle Florida generó muchos equívocos y no pocas simplificaciones. La calle del refinamiento y la elegancia que, conviene recordarlo, está muy cerca de la sórdida Avenida Alem, habría impreso su “estética” a los colaboradores de Martín Fierro. Quienes así piensan, antes que observar lo que hacia 1925 ocurría en el mundo, prefieren atenerse a una ocasional inmediatez física.